El río y la muerte

El río y la muerte (México, 1954, 99 minutos, B&N), escrita (con Luís Alcoriza) y dirigida por Luís Buñuel. *** de cinco.

Reparto: Columba Domínguez, Joaquín Cordero, Víctor Alcocer, Humberto Almazán, Silvia Derbez, Jaime Fernández.

El guión se base sobre una novela de Miguel Álvarez Acosta, Muro blanco sobre roca negra. Hace unos años que la encontré en una venta de libros usados en Saint Louis, Missouri (EE.UU.—el hallazgo de un libro en español cualquiera en tal lugar en St. Louis es un acontecimiento insólito). La empecé a leer pero después de poco me aburrí. La abandoné y la descarté. Sobre tal materia está fundada nuestra película.

Gerardo Anguiano es médico sin embargo lo encontramos encerrado en un pulmón de acero a causa de haber contratado el poliomielitis a consecuencia de su búsqueda de un tratamiento nuevo. A pesar de su condición actual se le pronostica que se sane pronto.

Lo visita un hombre tosco del pueblo de su nacimiento por hablarle en términos vagos de una enemistad hereditario. Hasta cachetea al enfermo en la cara.

Mientras se sana ya fuera del aparato que lo encerraba le cuenta a su enfermera Elsa—también su novia—del asunto. El pueblo de antaño se ubicaba el lado de un río oscuro y profundo. Se anegó el pueblo bajo una inundación y volvieron a construirlo a la orilla opuesta del río todo menos el cementerio, lo que quedaba en su sitio antiguo para no trastornar la paz de los muertos. Hace mucho que un poblano mató a otro a puñaladas a causa de una injuria trivial. Se inició un ciclo de venganzas que con tiempo llegó a andar fuera de toda raya. Todos los hombres del pueblo andaban armados hasta el mero cura, dispuestos a disparar a la menor provocación. Según la tradición del pueblo si el asesino se refugiara entre las montañas al otro lado del río no perseguirían y podría volver después de una temporada. Se decían que cruzaron el río los dos: el asesino al monte y el fallecido al cementerio.

Se oponen el ambiente moderno de las cercanías del hospital con el rústico del pueblo mientras Gerardo le detalla a Elsa de la enemistad entre su familia los Anguianos y otra, los Menchuca, la que dejó muerto a su padre.

La madre de Gerardo sigue viviendo en el pueblo y se negó visitarlo en su enfermedad. Lo había enviado fuera del pueblo para librarlo del destino de su padre pero ya por medio de una serie de cartas le pide volver a desquitar la ofensa contra el mismísimo padre y el abuso que aguanta ella todos los días por tener un hijo cobarde.

Gerardo vuelve al pueblo con el fin de resolver el asunto sin acatar el código de la venganza.

No está mal pero no se levanta de la segunda categoría de la obra de Buñuel. De verdad hay pocos rasgos que lo distingue de tantos otros melodramas de la época (el cura que lleva la pistola bajo la sotana, y el protagonista en el pulmón de acero–¡caramba!). Desde luego la mera presencia de Columba Domínguez hace que se aumenta el interés a mi entender.

Sin subtítulos.

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