Enamorada

Enamorada (México, 1946, 99 minutos, B&N), dirigida por Emilio Fernández. Cinematografía por Gabriel Figueroa. **** de cinco.

Reparto: María Félix, Pedro Armendáriz, Fernando Fernández, Miguel Inclán.

Este melodrama de la revolución es una de las películas más conocidas de la época dorada del cine mexicano.

Una fuerza revolucionaria se apodera del pueblo Cholula. El general de la fuerza José Juan Reyes manda traerle a todos los ricos del pueblo. El cura el padre Sierra acompaña al grupo llevado al general y resulta que el cura y el general se conocen (pasaron un año juntos en el seminario antes de tomar caminos distintos). El general va acompañado por una niña de como siete años que presencia a todo lo que sigue sentada al borde de una mesa chupando unas varitas de canela. A los ricos del pueblo el general les exige abastecimiento y dinero. El primero, don Carlos Peñafiel, se lo niega con dignidad. El general manda encerrarlo. El siguiente Fidel Bernal le jura que no tiene nada pero, al oír la pena de muerte que le impone el general, le ruega aceptar todo lo que tiene hasta su esposa joven. El general hace fusilarlo. Hay presente además un norteamericano, un ingeniero, un tal Mr. Roberts. Le pide al general su salvoconducto por ir a México por comprar el vestido de boda por su novia. La novia es la hija de don Carlos Peñafiel él que fue encerrado por el general y Mr. Roberts le pide su merced en el nombre de amor. El general no se compromete pero parece afectado por la petición.

Luego en la calle el general encuentra a la hija Beatriz (La Félix) de don Carlos (sin saber su identidad) y se le arrebatan los encantos de la muchachota. Le piropea y ella le da una cachetada ante sus subordinados. Por medio del encuentro se desarrolla el conflicto central, el de los esfuerzos del general de ganarse el afecto de Beatriz y los esfuerzos de ella de humillarlo. Después del comienzo dramático la película se cambia hacia lo cómico.

La película aspira a la profundidad mediante el personaje de general Reyes. Lleva a la niña de un compañero muerto con la tropa (pero la niña se esfuma de la historia después de una sola escena, al parecer no más que un dispositivo por hacer más complejo—y simpático—el carácter del general). El ex-seminarista habla con fuerza de sus motivos y sus ideales mientras visita a su amigo el padre Sierra en la sacristía. Habla sobre el tema de la adoración de los reyes—nótate la coincidencia de nombres—al ver una pintura en la sacristía. Los reyes, dice, son símbolos de la riqueza y la opresión vistos de rodillas ante el niño Jesucristo. Al terminar la arenga sugiere otro sitio por colgar el cuadro para que lo caiga mejor la luz del sol. Hablan de Beatriz. El general le pide la intercesión del cura. Se ha decidido casarse con ella. Se ve angustia en la cara del cura. Se sugiera un triángulo amoroso sutil entre los tres. Curiosamente el novio de Beatriz se deja fuera de la cuenta. De verdad hay un hueco en el corazón de la película. Beatriz se nos presenta como una mujer impetuosa, independiente y fuerte—hasta se atreve a fumar aunque sea a escondidas. Mas no demuestra la menor pasión por su prometido Mr. Roberts (–un buen tipo). Al parecer antes del comienzo del drama se ligó con él sin estar enamorado (lo que no se cuadra con su carácter fuerte) y lo echa por la borda al enamorarse de verdad. La película pasa el asunto por alto no obstante no puedo prescindir de hacerme la pregunta, ¿es oportunista o qué? Bajo la menor inspección el personaje de Beatriz es profundamente caprichoso y falso.

La película vista en su totalidad lisonja al orgullo mexicano. Todos los mexicanos—ya que sean revolucionarios o no—salen bien. Dicen que el ciudadano Fidel Bernal, él que le rogaba al general por su vida sin vergüenza no fue mexicano (no se precisa de donde era). El hombre a quien Beatriz pone en ridículo es un gringo. Los federales no se ven y por eso se dejan de la cuenta (el vencedor escribe la historias por lo tanto todos andaban con Villa (al menos figurativamente) y los federales son no más que figuras anónimas con uniformes y sin caras en el cine mexicano). A fin de cuentas la profundidad de la película es fingida. Se esquivan las cuestiones difíciles.

A pesar de lo todo la película está bien hecha y divertida. Tiene la viveza que caracteriza toda la obra de Emilio Fernández y su cinematógrafo Gabriel Figueroa. El elenco es de la primera. María Félix (quien no me cae bien típicamente) desempeña su papel con una energía ejemplar.

Sin subtítulos.

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