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Las tres perfectas casadas

julio 2, 2006

Las tres perfectas casadas (México, 1952, 109 minutos, B&N), dirigida por Roberto Gavaldón. **** de cinco.

Reparto: Arturo de Córdova, Laura Hidalgo, Miroslava.

Tres parejas casadas se reúnen para celebrar el décimo octavo aniversario de su matrimonio (al parecer son amigos desde la juventud y se casaron juntos). Lamentan la ausencia de su amigo Gustavo Ferrán él que les sirvió a todos de padrino y que nunca antes faltó la fiesta aniversario. No le han recibido ninguna excusa de antemano.

La fiesta se celebra en la casa lujosa de Javier y Ada, una de las parejas. Todos llevan el vestido de etiqueta. Después de cenar se separan, las mujeres de ver a la telenovela norteamericana General Hospital (de veras) y los hombres de jugar de billar.

Seguimos a los hombres. Se hablan de una manera cursi de las perfecciones de sus mujeres. Hablan de la infidelidad y con tiempo dos de los tres se confiesan de haber tenido sus aventuras fuera del matrimonio. El tercero se escandaliza del mero pensamiento de la infidelidad: ¿qué dirían—les pregunta—al saber que sus mujeres los hubieran decepcionado? Es diferente—le responden—son mujeres y somos hombres. Hablan de su amigo ausente Ferrán. Nos enteramos de Ferrán: es un escritor conocido que ha avanzado el planteamiento en sus libros de la inferioridad biológica de las mujeres y que es un solterón dado al libertinaje.

El cenáculo se interrumpe por el mayordomo de Ferrán. Les informa que el avión que llevaba a Ferrán está demorado por una hora y no hay noticias de él. Sin avisarles a sus esposas acuden al aeropuerto dónde se enteran que el avión se cayó del cielo en las montañas y se murieron todos.

En camino de vuelta a la casa Javier, él que era el notario de Ferrán, les dice a sus dos amigos que tiene en su caja fuerte una carta sellada de Ferrán por leer a su muerte, una especie de testamento. Regresan al salón de Javier—todavía sin avisarles a las mujeres de nada—para abrir dicha carta. En la carta Ferrán les revela que les ha engañado a los tres con cada una de sus respectivas mujeres. Se discuten entre sí la cuestión de la manera apropiada de portarse ante sus esposas al haber sabido una cosa así.

Los hombres salen del salón de Javier con malos aspectos pero no les dicen nada del asunto a las mujeres, las que se han impacientado mucho fuera de la puerta cerrada del salón. Cada pareja se retira a su casa sin haber resuelto nada.

Dentro de unos minutos de haber despedido a sus invitados Javier y Ada reciben la noticia de la sirvienta que Gustavo Ferrán acaba de presentarse. Ferrán es un hombre elegante, culto. Resulta que perdió su vuelo y vino en el siguiente y aquí está vivo y seguro. La frialdad con que le recibe Javier le sorprende.

Todo lo anterior sucede en los primeros veinte minutos de la película y sirve de sembrar lo que sigue.

Es una película que te invita a escudriñar—sobre todo a la segunda vista—a los personajes con el motivo de descubrir algún sentimiento restringido en la cara, alguna decepción o culpabilidad en los ademanes. Nunca se supera de lo melodramático pero es un melodrama sofisticado con un cinismo que nunca se ve en los melodramas de Hollywood de la misma época. Superior.

Sin subtítulos.

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