Archive for the ‘país: Argentina’ Category

Los hijos de Fierro

enero 4, 2008

Los hijos de Fierro (Argentina, 1972, 134 minutos, B&N). Dirigida por Fernando Solanas. *** ½ de cinco.

Reparto: Julio, Troxler, Martiniano Martínez, Tito Almejeiras, Juan Carlos Gené, Arturo Maly.

Un film—una fábula—sobre el movimiento sindicalista de Argentina en los principios de los setenta que se aprovecha de los personajes de Martín Fierro y sus hijos (juntos con Picardía, hijo del sargento Cruz, compañero de Fierro), los que se emplean en el rollo de figuras arquetípicas (o sea, hay un hijo mayor, un hijo menor y un Picardía en cada fábrica). Martín Fierro mismo es una figura elusiva que anda un forajido por las afueras enviándoles a los hijos comunicados y partes, el autor intelectual—el profeta—del movimiento: se ve de espaldas o de lejos andando a caballo por los llanos nebulosos.

Fierro les encarga a los hijos cada uno de una tarea, de una bandera les dice: el hijo mayor—él que quiere montar milicias—la independencia; el hijo menor—él que quiere alzar los barrios—la soberanía; y Picardía—él que quiere movilizar las fábricas—la justicia. Les dice que el movimiento ha sido traicionado y les enfrenta una larga marcha hacia la reconquista del poder, a que hora hará su retorno.

Se filmó sin colores en el ambiente grisáceo, lluvioso, de un sol ahumado de la ciudad Santiago, un mundo de fábricas, ferrocarriles, cafés llenos de humo y edificios públicos. Apenas haya un vistazo del hogar familiar. Ante este escenario se desarrolla la parte principal de la película, la que trata de la lucha gremial, tanto de la política interna del movimiento como de las represalias de los dueños y las fuerzas del gobierno. Los principales están—uno o el otro—despedidos del trabajo, puestos en listas negras, encarcelados y hasta torturados. No obstante, a fin de cuentas, triunfan.

Dado que no hay argumento tradicional no me siento culpable de revelar el fin: el movimiento vence y Martín Fierro hace su retorno triunfal a caballo entre el alborozo de los obreros y sus familiares festejando la victoria. Su llegada está acompañada sorpresivamente—al menos a mí me sorprendió—por fotos de Perón. ¡Caramba! ¡Fierro es Perón! Puesto que la película se hizo en el período del exilio de Perón quizás no haya de que sorprenderse en una alegoría de su retorno (me sorprende menos la identificación de Perón con el héroe Fierro que el afán con que se anhela su retorno—el de Perón, quiero decir—sin duda carezco de entendimiento del fenómeno de Perón).

De todos modos, la película fue hecha con arte y a pesar de su duración y su carácter de propaganda, resulta más efectiva que la epopeya de cuatro horas del mismo director, La hora de los hornos (en la que también se añora la época de Perón)–y más fácil que soportar.

Sin subtítulos.

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Hijo de hombre

diciembre 5, 2007

Hijo de hombre (Chóferes del Chaco), (Argentina, 1961, 98 minutos, B&N), dirigida por Lucas Demare.  **** de cinco.

Reparto: Francisco Rabal, Olga Zubarry, Lucas Demare.

La película tiene lugar en la guerra entre Paraguay y Bolivia en los principios del siglo veinte en la que los dos países se disputaron el desierto Chaco impulsados por intereses de petróleo.  Una tropa de paraguayos de la vanguardia se encuentra aislada sin agua detrás de la línea boliviana.  El comandante les manda a tres hombres a llevar el mensaje al mando paraguayo de la necesidad desesperada de agua.  Un hombre solo llega al puesto del mando.

La gran parte de la película se trata del viaje de la caravana encargada de llevar agua a la tropa aislada compuesta de tres camiones raquíticos con tanques para llevar agua y un carrito médico.  Tiene que recorrer el terreno pedregoso del desierto bajo los bombardeos de las avionetas bolivianas, y atravesar las líneas propias (los soldados de las que anhelan ferozmente al agua a pesar que está destinada a sus compañeros en peores condiciones) y las del enemigo.

Desde luego se sugiere la película francesa de 1953 El salario del miedo, la tiene lugar en el Perú (aunque se filmó en Francia) y que se trata de media docena de infelices contratados por una compañía de petróleo a manejar tres camiones de nitroglicerina (para extinguir un incendio en un pozo de petróleo en el interior).  Es la historia de sus aventuras y percances, claro, sin embargo en su fondo es un retrato de los personajes, sus fuerzas y sus debilidades, su persistencia o su cobardía ante el peligro y las penas de la tarea.

En la película presente efectivamente no hay conflictos de carácter entre los principales.  Están aferrados a su propósito cueste lo que cueste.  Hay unos personajes el carácter y los antecedentes de los que se desarrollan (sobre todo los de una chica que trabaja en el hospital militar para redimirse la vida anterior de prostituta y que se mete a escondidas entre la banda para estar cerca al hombre a quien quiere) no obstante el tema es el de la perversidad y la futilidad de la guerra (tienen que protegerse y proteger su carga de agua contra los miembros de su propio ejército tanto como de los del enemigo).  

Hay unas escenas muy fuertes, ninguna más que la conclusión en la que el último camión llega al campamento ya lleno de muertos, con las ruedas en llamas (repusieron las llantas rotas con tiras de espartilla), el conductor en las puertas de la muerte, con las manos heridas atadas con alambre una al volante y la otra al cambio.

VHS sin subtítulos.

Este es el romance del Aniceto y la Francisca, de como quedó trunco, comenzó la tristeza…y unas pocas cosas más

septiembre 2, 2007

Este es el romance del Aniceto y la Francisca, de como quedó trunco, comenzó la tristeza…y unas pocas cosas más. (Argentina, 1965, 60 minutos, B&N). Dirigida por Leonardo Favio. *** de cinco.

Reparto: Federico Luppi, Elsa Daniel, María Vaner, Edgardo Suarez.

El romance…es una película que se esfuerza en hacerse sencilla. Se hizo sin colores y con muy escasos diálogos. El estilo me sugiere mucho el del cine mudo.

El argumento es igual de sencillo. Tiene lugar en un pueblo del estado Mendoza. El Aniceto—la película tiene la fetiche de referirles a los personajes con el artículo definitivo, tanto como la de El dependiente que la sigue en que los personajes les llaman siempre con los títulos señor, señorita, señora o don (pero en la película presente se limita a la presentación del elenco al comienzo; los personajes mismos no se llaman así)—el Aniceto conoce a la Francisca. Son personajes sin antecedentes y sin familia. El Aniceto es gallinero que vive con su gallo en una casita humilde. La Francisca es una chica sumisa y trabajadora (trabaja de criada). Se conocen y se amanceban en la casita del Aniceto. La Francisca quiere al Aniceto con una lealtad perruna: lo cura después de que consigue una puñalada en una disputa callejera, lo espera mientras está encarcelado (y le cuida el gallo).

Con tiempo el Aniceto ya suelto de la cárcel se fija en otra mujer, la Lucía, una mujer maquillada que trabaja en salones de baile. Se hace el contraste entre la mujer sencilla y no exigente, la Francisca y la tentadora y cara, la Lucía. El conflicto se pone agudo cuando las dos mujeres se topan con sus cántaros ante la fuente y la Francisca se fija en el anillo que se luce en la mano de la Lucía, el que había visto el día anterior en la posesión del Aniceto. Las dos se enfrentan como un par de gallos en el reñidero.

Más no quiero decir no obstante la trayectoria de la historia se sabe de antemano por el título, al menos en sus grandes rasgos.

Los 60 minutos de su largo pasan lentamente por la falta de acción. En gran parte la película se compone de una serie de imágenes por medio de las que se nos iluminan las relaciones, pero rara vez que pasa algo más que el intercambio de miradas. Sin duda el director (quien colaboró con su hermano en escribir el guión) tiene el propósito de las etapas de la relación utilizando no más que los elementos más básicos, sin adornos. Bueno, se aprovecha de un símbolo en la forma del gallo campeón mimado por el Aniceto. A través del gallo—al que cuida la Francisca cuando el Aniceto está en la cárcel y al que el Aniceto se ve obligado a vender para conseguir dinero para la persecución de la Lucía—se nos da a entender que hay decisiones que no se retraen, caminos que no se retrocedan, pérdidas que no se recobren.

VHS sin subtítulos.

El dependiente

agosto 12, 2007

El dependiente (Argentina, 1967, 82 minutos, B&N). Dirigida por Leonardo Favio. *** ½ de cinco.

Reparto: Walter Vidarte, Graciela Borges, Fernando Iglesias, Nora Cullen.

Fernández—nunca se nos da a conocer su nombre—llega a trabajar en la Ferretería Vila. Es reservado, trabajador, cuidadoso con los centavos de Don Vila. Se nota por el narrador—porque la historia se relata a través de narración—que Don Vila ve en Fernández el hombre que era de joven y Fernández ve en Don Vila su futuro. Fernández es un personaje sin familia y antecedentes. Ya hace un rato no precisado que Fernández sigue en la vida estrecha de la ferretería. Vive ahí con el viejo Don Vila y el señor dueño le ha prometido que heredará la tienda a su muerte. Por eso Fernández acecha a los cambios de la salud del viejo anhelosamente (se implica que la relación entre los dos no es muy calurosa).

Después del cerrado de la tienda Fernández utiliza el camión raquítico de Don Vila para repartir los pedidos del día, si hay. En uno de estos recorridos se fija en una mujer joven parada ante la puerta de un edificio destartalado que sirve de alguna especie de centro espiritualista (aunque de fuera no tiene pinta de iglesia). La ve parada ahí en el mismo sitio varios días consecutivos y le arrebata el interés. Se resuelve a conocerla.

Una tarde, al saber que no hay ningún pedido de repartir, se ausenta de la cena humilde en la trastienda con Don Vila con la excusa que le hace falta aire y va caminando al lugar. Se presenta a la puerta de la señorita, la que lo reconoce del camión y lo conduce apresuradamente dentro de la casa como si tuviera miedo de que se viera en la puerta. La señorita Placini—ella tampoco tiene nombre—vive al lado del centro espiritualista con su madre que cuida el centro (el señor Placini está muerto). La señorita es reservada, con una mirada coqueta y huidiza a la vez. El señor Fernández y la señorita Placini se sientan en sillas, enfrentándose uno al otro a una distancia y pasan un rato incómodo procurando conversar con resultados torpes y vacilantes a medida que la madre de la señorita Placini entra y sale del salón más oscuro que alumbrado hablando por los codos.

Fernández sigue pasando de noche por la casa de las Placini para pasar un rato sentado tieso ante la señorita, efectivamente entrado en un noviazgo.

Si la tienda de Don Vila es opresiva en su banalidad, la casa de las Placini es un manicomio crepuscular. Las Placini tienen escondido en la casa el hermano de la señorita, un fenómeno albino y subnormal. Hasta el gato que anda suelto en la casa tiene algo salvaje. La rareza está aumentada por la presencia del centro espiritualista al lado. Una noche Fernandez entra la puerta equivocada sin querer y presenciamos unos segundos del espectáculo de un par de mujeres sacudiéndose los cabellos como poseídas mientras los fieles baten las palmas rítmicamente. No más se vislumbra.

Creo que no echo a perder nada en decir que con tiempo el viejo se muere y los jóvenes se casan.

Aunque la historia es sombría y pesimista no es un discurso universal respecto al carácter de la vida. Fernández es un hombre desdichado pero no todos son así de infeliz. Tiene alma de dependiente y sus aspiraciones no sirven para más que hacerle el hazmerreír del destino.

Si hay un tema universal por encontrarse tal vez es el de que nunca se sabe que clase de vida pasen los habitantes de una casa tras puertas cerradas, ni cuales son las locuras o los rencores que se guarden fuera de la luz de la calle.

La película fue filmada sin colores y con un estilo austero, tenebroso, casi primitivo. La cámara del director Leonardo Favio casi siempre está fija para hacer más efectivos las dos o tres ocasiones que se mueve. La técnica de contar la historia mediante narración es una torpeza; mejor comunicar lo necesario con medios más cinemáticas. El efecto más logrado es el ambiente opresivo de enajenación, de un mundo simpático que queda siempre fuera del alcance.

La película en su totalidad es un intento sincero de producir una obra de arte de verdad sin embargo el resultado algo forzado. Tiene un fin irónico y no sutil que me cae artificial. A fin de cuentas es una película difícil de juzgar: admiro el intento pero no es tan buena como se pretenda.

Digno de verse.

VHS sin subtítulos.

El reñidero

julio 24, 2007

El reñidero (Argentina, 1965, 63 minutos, B&N). Dirigida por René Múgica. *** de cinco.

Reparto: Alfredo Alcón, Fina Basser, Milagros de la Vega, Myriam de Urquijo, Jorge Salcedo, Lautaro Marúa.

Una versión no muy sutil de la primera parte de la Oresteia Aeschylus que se trata de la muerte de Agamemnon a las manos de su mujer Cytemnestra y su amante (Aegisthus, creo) y el retorno de Orestes, el hijo de Agamemnon.

Asesinan a Don Pancho Morales a puñaladas en la calle. Es un caudillo despótico con muchos enemigos. Presenciamos el velorio. Preside sobre todo la hija Elena (que la llamemos Electra). Es una mujer de veinte años, soltera y devota a su padre hasta tal punto de tener un complejo de Edipo manifiesto. Vestida de negro, es severa y resentida, se guarda un rencor feroz contra los asesinos de su padre.

En el velorio conocemos además a la madre de Elena, Nélida (llámala Clytemnestra) y el mayoral de la finca de Don Pancho—y el supuesto amante de Nélida—Santiago Soriano (Aegisthus).

Elena hace memoria de su padre idolatrado y de la intrusión de Santiago mientras Don Pancho estaba de viaje. Hay una verdadera tensión—aunque exagerada—en las escenas entre los tres, Elena, su madre y el mayoral con su guitarra y su manera insinuante.

Al fin de velorio se presenta el hermano de Elena, Orestes (naturalmente—si no fuera suficientemente obvia la cosa). Acaba de salir de la cárcel. Orestes es un personaje verdaderamente complejo. Estaba en la cárcel por haber matado a un enemigo de su padre Don Pancho a destiempo para probar su hombría a su padre (él que lo entregó a Orestes a las autoridades para adelantar sus intereses políticos).

Orestes es otro caso freudiano, el hijo que busca la aprobación del padre y no puede quitarse de la duda que sea un hombre débil. Elena le azuza a vengar la muerte de su padre por matar a Santiago Soriano, el supuesto amante de la madre de Elena y Orestes (aunque no nos consta que sea el culpable).

¿Cómo evitar que se termine con una matanza teatral?

Toda la función tiene pinta del melodrama de la venganza a la mexicana. Sin embargo hay una escena breve entre Lautaro Murúa (en el papel de Vicente, un hombre del pueblo, amigo a Orestes, pretendiente a Elena y la voz de la razón) y Alfredo Alcón que casi supera la materia torpe. Qué buenos son. Fina Basser en el papel de Elena, con su voz sibilante y su manera felina, me sugiere la Catwoman de Eartha Kitt de la serie de televisión, Batman. A pesar del ambiente sobreexcitado la película entretiene con lo exaltado que es pero no es de tomar en serio.

Sin subtítulos.

La terraza

julio 23, 2007

La terraza (Argentina, 1963, 86 minutos, B&N). Dirigida por Leopoldo Torre Nilsson. *** ½ de cinco.

Reparto: Leonardo Favio, Graciela Borges, Marcela López Rey, Héctor Pellegrini, Belita.

El sitio es un edificio de apartamentos modernos de muchos pisos. Conocemos a Belita, hija del camarero del bar del edificio, una muchacha de cómo doce años que hace de todo para los residentes para conseguir propinas. Ella servirá de enlace entre todos los partidos de la historia.

En el edificio viven unos jóvenes que, con una tropa de amigos, suben a la terraza del edificio donde se encuentra una piscina. Se instalan en la terraza con una cantidad de empanadas y botellas de alcohol. Tocan el jazz brasileño, bailan, nadan y toman el sol en una especie de idilio de lozanía y de languidez por turnos, un edén de jóvenes.

Después de un par de intrusiones de los residentes mayores cierran la puerta de acceso con candado. Que siga el baile.

Pero se incrementan las tensiones internas y externas.

Se ponen a jugar a un juego que se dice la balsa. Se ponen todos menos uno en filo al borde de la piscina. El otro hace elección de un solo compañero que le acompaña en la balsa ficticia. Elige por medio de empujar los rechazados uno por uno el agua dando a la vez el motivo del rechazo. El juego se inicia a la ligera pero con tiempo se pone serio.

A Belita le encargan de conseguirles alcohol y luego café.

Los gerentes del edificio y los padres de unos de los jóvenes exigen que abandonen la terraza. Una chica sube al muro que rodea la terraza y les amenaza tirarse por la borda si no los dejaran en paz.

El capricho se pone serio y se desarrolla un enfrentamiento de verdad entre los jóvenes vestidos en trajes de baño y bien tomados, y los adultos.

Todo se lleva a un fin abrupto y trágico, pero igual a todo lo anterior, la tragedia es de poca monta; como se dice en inglés: una tempestad en una tetera.

Al fin vimos la terraza al otoño con la piscina vacía de agua y llena de remolinos de hojarasca mientras andan jugando en ella Belita con un amiguito. No fue para tanto.

Sin subtítulos.


La cifra impar

julio 22, 2007

La cifra impar (Argentina, 1962, 87 minutos, B&N). Dirigida por Manuel Antín. **** de cinco.

Reparto: Lautaro Murúa, Sergio Renán, María Rosa Gallo, Milagros de la Vega.

 

Se  base sobre un cuento de Cortázar, “Las cartas de Mamá.”

Luís y Laura están casados. Son argentinos y viven en un piso en París. Luís es un pintor que ejerce su arte en una agencia de publicidad. Al comienzo de la historia llega al apartamento el correo. Entre los folletos hay una carta. Luís la coge y la abre. Al escucharle a Laura acercando, la hunde junta con su sobre en el bolsillo de su saco. La conversación entre los dos está tibia, casi hostil. Luís sale a trabajar con la carta en el bolsillo. Laura encuentra un fragmento del sobre en la mesita y lo mira con angustia.

La carta es de la mamá de Luís. Vive sola en la casa familiar en Buenos Aires y les escribe continuamente. La carta les relata los acontecimientos cotidianos. Ninguna novedad menos ésta: esta mañana Niko preguntó por ustedes.

Bueno, pero Niko murió hace dos años. Es más, Niko era el hermano de Luís, y Laura conoció a Luís a través de Niko mientras era su novia, o sea la de Niko. Por lo tanto Niko no se nombra entre Luís y Laura aunque nos consta que su especto los acosa sin tregua.

Niko era un hombre enfermizo y desdichado—tan poca cosa, le dice Luís un par de veces. Igual a Luís, Niko era artista, pintor de una manera expresionista. Luís por otro lado es un hombre mundano, educado. Se encontró obligado a dirigir su talento hacia la publicidad para ganar unos pesos por el sustento de su mamá y Niko (padre no hay) mientras Niko se quedaba en casa pintando a su gusto.

Niko trajo a Laura a un baile en el que conoció a Luís. Se bailaron juntos Luís y Laura con el consentimiento de Niko. Empezaron a salir juntos a escondidas mientras Laura seguía con Niko.

¿Cuáles son los motivos de Laura? ¿Qué siente de verdad? Laura es un cero, una oquedad. No sabemos nada de sus antecedentes. Evidentemente no tiene ni familia ni amigos propios, apenas tiene voluntad propia. Menos por el mero hecho de haberse casado con él nunca sabemos directamente que quiera a Luís más que a Niko. La actriz María Rosa Gallo le da una gravedad con su mirada lastimada y su cara vulnerable sin embargo el personaje de Laura no llega a ser más que un artefacto necesario del argumento.

El guión se basa sobre un cuento de Julio Cortázar, “Cartas de mamá,” y tiene el carácter de un cuentito. En el primer plano no pasa nada. Luís y Laura hacen memoria para informar el presente (aunque ni siquiera en la memoria presenciamos ningunos de los sucedidos claves, ni la muerte ni el entierro de Niko, ni tampoco la boda de Luís y Laura). El elenco es excelente y la película es muy bien hecha, lo que la hace parecer mejor de lo que es. El diseño visual es casi barroco. Vimos las escenas por verjas y rejas tal como si ocurrieran en un laberinto. La música disonante aumenta el ambiente de descontento.

A fin de cuentas es muy buena a pesar de lo estático que es.

Con subtítulos fijos en inglés.

Prisioneros de una noche

julio 22, 2007

Prisioneros de una noche (Argentina, 1962, 80 minutos, B&N). Dirigida por David José Kohon. *** ½ de cinco.

Reparto: Alfredo Alcón, María Vaner, Osvaldo Terranova, Elena Tritek.

En un remate de lotes de tierra en las afueras de Buenos Aires se conocen Martín y Elsa. Martín está en su oficio de grupí (postor en falso, colaborador del patrocinador del remate). Elsa es una mujer bonita y triste que ha venido al remate por diversión.

Martín abandona su puesto entre el público en el remate para pasearse con Elsa por el pueblo. Los dos viven en Buenos Aires y cogen al mismo tren.

El tren—igual a toda la película—está lleno de buscavidas y estafadores: prestamistas, jugadores de póker y un vendedor de billetes de rifa. Martín y Elsa platican y con tiempo Elsa—con vergüenza—le da a conocer que trabaja como bailarina en la academia (en la que los hombres compran un boleto que vale un baile con una chica).

En la estación de Buenos Aires se separan para ir a su respectivo domicilio. Los dos viven en la miseria. Martín comparte un vagón de tren amueblado con un amigo (y por no haber cumplido con su oficio en el remate no cobró con el resultado que no tienen con que comprar vino para acompañar su cena humilde). Elsa vive en una pensión en la que le molesta un vecino, un hombre casado que se mete sin permiso en el cuarto de Elsa (el hombre se gana la vida por hacer trucos con una víbora en la plaza del mercado).

Solo a los fines de semana Martín se hace grupí; por la semana trabaja de peón del mercado de abastos por la noche. Se ausenta de su trabajo para ir a la academia de Elsa. Elsa asimismo abandona su trabajo y salen juntos para hacer un giro delirio bajo las luces del centro perseguido por el celoso vecino pretendiente de Elsa.

Hay momentos de ternura, enfrentamientos y violencia, todo colorado por un matiz fatalista. A pesar de un desenlace algo forzado la película me cae bien, sobre todo a causa del ambiente verídico del mundo nocturno de la ciudad que abarca toda la función.

Sin subtítulos.

El jefe

julio 20, 2007

El jefe (Argentina, 1958, 87 minutos, B&N).  Dirigida por Fernando Ayala.  ** ½ de cinco. 

Reparto: Alberto de Mendoza, Leonardo Favio, Duillo Marzio, Graciela Borges. 

Drama de un joven, hijo de una familia que era rica en otra época pero yo no lo es, que se liga con una cuadrilla de estafadores mayores encabezada por un hombre apuesto y carismático, un tal Berger.  El joven, un chico tan sensible tal como se desempeño por Leonardo Favio, que siempre parece a punto de echarse a llorar, idolatra al jefe Berger.  Presenciamos los trucos y las riñas del séquito hasta que le cae un percance grave.  En lo mero mero el cabecilla deja a sus muchachos a su suerte ante el cuerpo policial. 

Sin subtítulos.

Días de odio

julio 19, 2007

Días de odio (Argentina, 1954, 61 minutos, B&N).  Dirigida por Leopoldo Torre Nilsson.  ** ½ de cinco. 

Reparto: Elisa Galvé, Nicolás Fregues, Raúl del Valle. 

Una versión eficaz del cuento Emma Zunz de Jorge Luís Borges, quien colaboró con el director en el guión.  Se trata de una mujer joven que trama metódicamente una venganza por parte de su padre recién muerto al director de una fábrica, él cual hace muchos años hizo que se le culpó al padre de Emma un robo de fondos que no cometió, arruinándole la vida. 

A lo mejor Elisa Galvé—aquí, Emma Zunz–es la actriz con la cara más bonita que nunca he visto–después de Lauren Bacall desde luego, a quien se parece ligeramente.  También tiene trazas de María Félix pero sin los aspectos masculinos de la muchachona mexicana. 

Sin subtítulos.