Archive for the ‘director: Leopoldo Torre Nilsson’ Category

La terraza

julio 23, 2007

La terraza (Argentina, 1963, 86 minutos, B&N). Dirigida por Leopoldo Torre Nilsson. *** ½ de cinco.

Reparto: Leonardo Favio, Graciela Borges, Marcela López Rey, Héctor Pellegrini, Belita.

El sitio es un edificio de apartamentos modernos de muchos pisos. Conocemos a Belita, hija del camarero del bar del edificio, una muchacha de cómo doce años que hace de todo para los residentes para conseguir propinas. Ella servirá de enlace entre todos los partidos de la historia.

En el edificio viven unos jóvenes que, con una tropa de amigos, suben a la terraza del edificio donde se encuentra una piscina. Se instalan en la terraza con una cantidad de empanadas y botellas de alcohol. Tocan el jazz brasileño, bailan, nadan y toman el sol en una especie de idilio de lozanía y de languidez por turnos, un edén de jóvenes.

Después de un par de intrusiones de los residentes mayores cierran la puerta de acceso con candado. Que siga el baile.

Pero se incrementan las tensiones internas y externas.

Se ponen a jugar a un juego que se dice la balsa. Se ponen todos menos uno en filo al borde de la piscina. El otro hace elección de un solo compañero que le acompaña en la balsa ficticia. Elige por medio de empujar los rechazados uno por uno el agua dando a la vez el motivo del rechazo. El juego se inicia a la ligera pero con tiempo se pone serio.

A Belita le encargan de conseguirles alcohol y luego café.

Los gerentes del edificio y los padres de unos de los jóvenes exigen que abandonen la terraza. Una chica sube al muro que rodea la terraza y les amenaza tirarse por la borda si no los dejaran en paz.

El capricho se pone serio y se desarrolla un enfrentamiento de verdad entre los jóvenes vestidos en trajes de baño y bien tomados, y los adultos.

Todo se lleva a un fin abrupto y trágico, pero igual a todo lo anterior, la tragedia es de poca monta; como se dice en inglés: una tempestad en una tetera.

Al fin vimos la terraza al otoño con la piscina vacía de agua y llena de remolinos de hojarasca mientras andan jugando en ella Belita con un amiguito. No fue para tanto.

Sin subtítulos.


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Días de odio

julio 19, 2007

Días de odio (Argentina, 1954, 61 minutos, B&N).  Dirigida por Leopoldo Torre Nilsson.  ** ½ de cinco. 

Reparto: Elisa Galvé, Nicolás Fregues, Raúl del Valle. 

Una versión eficaz del cuento Emma Zunz de Jorge Luís Borges, quien colaboró con el director en el guión.  Se trata de una mujer joven que trama metódicamente una venganza por parte de su padre recién muerto al director de una fábrica, él cual hace muchos años hizo que se le culpó al padre de Emma un robo de fondos que no cometió, arruinándole la vida. 

A lo mejor Elisa Galvé—aquí, Emma Zunz–es la actriz con la cara más bonita que nunca he visto–después de Lauren Bacall desde luego, a quien se parece ligeramente.  También tiene trazas de María Félix pero sin los aspectos masculinos de la muchachona mexicana. 

Sin subtítulos.

El crimen de Oribe

julio 18, 2007

El crimen de Oribe (Argentina, 1950, 80 minutos, B&N).  Dirigida por Leopoldo Torre Nilsson y Leopoldo Torres Ríos.  *** de cinco. 

Reparto: Roberto Escalada, Carlos Thompson, Raúl De Lange, María Concepción César. 

Al fallarle el carro un hombre de la ciudad se encuentra obligado a pasar la noche inesperadamente en un hotel en las afueras.  Sabe de una casa y una familia de la comarca bien extraños.  La familia se compone del padre, un hombre danés, y sus cuatro hijas adolescentes.  Hace como un año que no sale nadie nunca de los confines de la muralla enrejada de la propiedad.  La casa está protegida por un perro y se dice que el padre da la bienvenida a intrusos a escopetazos (los habitantes reciben los abastos por medio de un convenio con un repartidor).  Más raro aun, los habitantes siguen la rutina idéntica cada día como fuera un rito inflexible, el cual incluye el cantar de himnos navideños muy fuera de la debida temporada. 

El hombre que se llama Villafañe es periodista, crítico literario.  En el hotel conoce a un tal Oribe, un poeta joven y bien conocido.  Oribe, un hombre muy alto y quisquilloso, es obsesionado con el misterio de la casa (la que se ve desde el segundo piso del hotel) aunque no se atreve acercarla por el miedo que tiene del perro. 

Se desarrollan una especie de amistad entre los dos, el poeta y el crítico, y una contienda también respecto a la casa y el misterio que la rodea.  El periodista se acerca a la casa y se amista con el perro por entre las barras de la verja.  Le saluda al padre de la familia cuando sale para recoger los víveres dejado por el repartidor, él que no le hace el menor caso. 

Su estancia en el hotel se prolonga y más tarde se mete a ocultas en la casa (¿les interesaría el asunto tanto si fuera una casa llena de varones en vez de doncellas?).  En las dos instancias el poeta lo observa de lejos y después les recuenta lo sucedido a las gentes del hotel como aventura propia.  Hasta se aprovecha de la experiencia vicaria para materia de un poema nuevo. 

Resulta que la presencia sigilosa del crítico en la casa rompe la perfección del orden rígido del horario cotidiano de modo que se desencadenan consecuencias graves. 

Lo irónico es que el poeta Oribe, a causa de haberse expropiado los actos del crítico por sí, se encuentra obligado a enfrentar las consecuencias.  Se pone a revés la relación entre el artista—él que hace—y el crítico—él que habla de las hazañas ajenas. 

El argumento se basa sobre una novela del Adolfo Bioy Casares.  Luego de veinticinco años Leopoldo Torre Nilsson haría otra película a base de una novela de Bioy Casares, La guerra del cerdo

La película se hizo en los principios de la carrera de Leopoldo Torre Nilsson y fue dirigida en colaboración con Leopoldo Torres Ríos, su padre.  Es entretenida sin embargo es algo artificial y maquinal y por eso no logra más de ser una obra menor en el currículo de Torre Nilsson (nunca he visto otra película del padre, Torres Ríos). 

Sin subtítulos.

Fin de fiesta

julio 17, 2007

Fin de fiesta (Argentina, 1960, 102 minutos, B&N). Dirigida por Leopoldo Torre Nilsson. ***** de cinco.

Reparto: Arturo García Buhr, Lautaro Murúa, Leonardo Favio, Graciela Borges, Osvaldo Terranova.

Un ensayo sobre la política de Argentina de la época antes de la dictadura militar vista en la persona y la familia del viejo senador y caudillo Mariano Braseras. Es una película compleja y sombría, casi una endecha, quizás la obra maestra de Leopoldo Torre Nilsson.

Presenciamos la historia por los ojos de Adolfo, un joven de dieciocho años, nieto del senador Braseras. Por una casualidad Adolfo conoce a Gustavino, un guapo de Braseras (el guapo: un secuaz, hombre fornido que se encarga de tareas sucias por su patrón). Al lado de Gustavino, Adolfo se entera de los métodos brutales de lograr los expedientes del poder.

Hay tres relaciones centrales en la vida de Adolfo: la con su abuelo (los padres de Adolfo se murieron antes del comienzo de la historia), la con Gustavino y una tercera con su sobrina Mariana, con la que mantiene una relación complicada de antipatía y cariño. El director plantea una vinculación entre lo político y lo personal y plantea además una vinculación entre el cariño y la brutalidad en las relaciones personales (con implicaciones no precisadas respecto la brutalidad en el campo político).

La película se distingue de las otras del director de la época por ser menos materia de novela romántica. Por eso quiero decir que el sexo reprimido no domina todo el escenario tal como lo hace en algunas otras películas reseñadas abajo (aunque queda como corriente subterránea). Según seguimos la trayectoria de Braseras hasta su fin no hay nada de lo bonito, ninguna concesión al sentimentalismo. El caudillo viejo, ya vivo encerrado en su casa con todo su obra desmoronada, una vida que se ha sobrepasado de largo, insiste sin el menor arrepentimiento, “Si Argentina perteneciera a unos pocos, los Argentinos seríamos felices.”

Una de las mejores películas que se tratan de la política por haber entreverado así los motivos de la vida pública y la vida privada—y por ser libre de propaganda. Lo que quiero decir es, aunque la materia sea la política nunca deja de ser historia de seres humanos.

Fin de fiesta, ¡carajo!

Sin subtítulos.

El secuestrador

julio 16, 2007

El secuestrador (Argentina, 1958, 75 minutos, B& N).  Dirigida por Leopoldo Torre Nilsson.  *** ½ de cinco. 

Reparto: Leonardo Favio, María Vaner, Lautaro Marúa, Osvaldo Terranova. 

A diferencia de las otras películas de Leopoldo Torre Nilsson de la época, esta no se trata de las clases poderosas y privilegiadas sino de los muertos de hambre de poca monta.

En los arrabales de Mar de Plata se desarrollan las vidas de Alberto, un joven de dieciséis años, y su séquito de tres chicos y el bebé que los chicos siempre llevan consigo, el a quién  le llaman el Bolita, los que se meten en travesuras menores.  Se trata además de Flavia, la hermana mayor de unos de los niños seguidores de Alberto, la que le gusta a Alberto.  Pero la vida en el arrabal es difícil y siempre hay alguien que quiere sacarle lo valeroso, sea lo que sea.

El secuestrador del título es la muerte.  La metáfora viene de un ex-sacerdote loco que a pesar de haber sido despojado de su oficio sigue vestido de sotana desvaída, pregonando a quién le haga caso (se le dice de él que maté a su hijo de tres años para evitar que muera penosamente de una enfermedad fatal sin embargo se deja sin explicar cómo un sacerdote llegue a tener un hijo).

Se luce una ironía y un sentido de humor negrísimo—a través de acontecimientos que no te puedo contar sin revelar las sorpresas del argumento sin embargo a fin de cuentas es una historia de la rabia impotente y de mantener la esperanza a pesar de haber sido atropellado repetidamente y cruelmente por el destino en forma humana.  La vida sigue. 

Una película insólita en la obra de los cincuenta de Leopoldo Torre Nilsson—pero viva, eléctrica. 

Sin subtítulos.

 

La mano en la trampa

julio 16, 2007

La mano en la trampa (Argentina, 1961, 89 minutos, B& N).  Dirigida por Leopoldo Torre Nilsson.  **** de cinco. 

Reparto: Elsa Daniel, Francisco Rabal, Leonardo Favio, Berta Ortegosa. 

Conocemos a Laura, una muchacha de como dieciséis años, mientras hace el papel de la virgen en una obra de teatro en el convento en que asiste a escuela.  Después de la función y luego de las advertencias de las monjas acerca de los peligros del mundo afuera sale de vacaciones. 

Llega a una casa, la casa familiar, llena de mujeres que bordan todo el día—o sea, todas mujeres menos el habitante del desván: un muchacho subnormal ya crecido el que trajo a la casa el padre de Laura hace muchos años.  Al parecer era el hijo del padre con otra mujer la que acababa de morir.  El padre mandó cuidarlo como fuera de la casa.  El padre mismo se murió después de poco dejando el niño fenómeno con las mujeres de la casa.  Nunca baja de su cuarto arriba y Laura no lo ha visto nunca (“Las vergüenzas no se exhiben,” le dice su madre).  El ser misterioso pasa el día—y frecuentemente la noche—bordando igual a las otras. 

A pesar de las advertencias de las monjas Laura reanuda una amistad con un tipo del barrio Miguel.  Acepta los cigarrillos que le ofrece y deja que la lleve detrás de él a toda velocidad en su motocicleta. 

Laura conoce además al cartero hablador del vecindario.  Lleva a la casa cartas de la tía de Laura, la tía Inés, la que ya vive con su marido rico en los Estados Unidos.  El cartero repara en el nombre del pueblo en el cual vive Inés, que comparte su nombre con una cárcel notoria: Alcatraz (…hmmm). 

No te quiero revelar las incógnitas del argumento (tal como acabo de hacer en el caso de La casa del ángel) sin embargo Laura no puede prescindir de fijarse en lo improbable que sean un fenómeno no visto que vive en el desván y una tía que vive en un pueblo con nombre de cárcel. 

Laura averigua que antes de su partida la tía era novia del joven más deseado del pueblo y estaban por casarse cuando súbitamente Inés se hizo humo, llevado a los EE.UU. por un estadounidense rico.  Con la ayuda del chico Miguel, Laura busca al ex-novio.  El señor, Cristóbal se llama, ya casado por su parte con unas hijas de la edad de Laura, es un hombre guapo aún y rico que pasa su tiempo corriendo su jaguar en carrera automovilísticas.  Cristóbal le cuenta a Laura un relato bastante diferente tocante a su ruptura con Inés.

Parece que Laura, algo inocente a causa de su edad y su encierro en el convento, tiene mucho que conocer del pueblo y de la propia casa (–y de la vida).  Sin más comentarios, noto que en algún sentido es efectivamente la historia de Ada Falcón tal como se relata en No sé que me han hecho tus ojos: o sea, es una historia de orgullo o de vanidad. 

He escrito en otra parte (en la reseña de La guerra del cerdo) que el director Leopoldo Torre Nilsson muy diferente en sus películas filmadas con color que en las de blanco y negro.  Las de color se desarrollan en un mundo feo, sucio y decadente.  Los sin color se desarrollan en un mundo no menos decadente, pero decadente de otra forma.  Son retratos bellos y románticos de una sociedad rica, poderosa y decadente (al lado de la retahíla de infelices que puebla películas como Los siete locos, La guerra del cerdo y El Pibe Cabeza).  Son romances góticos (bueno, no todas lo son, no obstante la observación vale respecto a la película presente y la anterior, La casa del ángel) repletos con caserones misteriosos, de secretos de otras épocas y del peso de la historia familiar. 

Sin subtítulos.

 

 

La casa del ángel

julio 13, 2007

La case del ángel (Argentina, 1956, 76 minutos, B&N). Dirigida por Leopoldo Torre Nilsson. **** de cinco.

Reparto: Elsa Daniel, Lautaro Murúa, Barbara Mujica, Guillermo Bataglia.

Una cena en una casa lujosa. Hay dos señores, uno de edad, y una señorita. Nos habla la señorita. El señor mayor es el padre de la señorita y el otro es un amigo de la familia. La madre de la señorita está muerta. El señor se llama Pablo Aguirre y cena con la familia Castro—porque estamos en la casa del los Castro—cada viernes. Hay una tensión abrumadora que pesa sobre Ana, la señorita, la que no se sienten los hombres. Se hablan tranquilamente de la política sin hacer mucho caso a la señorita, la que no puede ni levantar los ojos hasta la cara del señor Aguirre. Ana espera con disgusto, hasta con horror, el momento de tener que traerles a los hombres el café el servírselo. Después del café la señorita les pide el permiso de ausentarse para salir con sus amigos. Abrígate bien, le aconseja el señor Aguirre cordialmente.

La misma escena se repite escena cada viernes.

Ana hace memoria para revelarnos las raíces de su malestar.

La vemos mientras juega con su hermana y su sobrina, las mayores, en el jardín del caserón veraniego de la familia en el campo. En el jardín hay estatuaria del estilo griego pero con los cuerpos tapados con tela para ocultar su desnudez. La sobrina, una chica pícara y tentadora, lleva a Ana a un parque, o quizás un cementerio, que tiene una escultura de un sátiro recostado y le invita besarlo en la boca. Ana se asusta y se huye pero en su fuga topa con un chico desconocido y se detiene a besarlo en la boca impetuosamente. La madre de Ana lo ve y hace llevar a todas las muchachas a la ciudad.

La casa de los Castro en la ciudad hierve con la política.

Se nos presenta un retrato de la clase alta de Buenos Aires al comienzo del siglo XX en la que los hombres se dedican a la política, a enriquecerse (a veces por medio de la política), y al juego o al libertinaje según su gusto. Las damas se dedican a la iglesia y a la crianza de los hijos. Bajo esta regla Ana, una muchacha de como catorce años, ha pasado una vida protegida e inocente.

Cuando las muchachas llegan con su madre vueltas del campo el padre de la familia Castro está encerrado en su despacho con sus correligionarios del senado. Traman una estrategia de promulgar una ley para garantizar la libertad de la prensa (la que por casualidad les favorece los intereses financieros). Eligen a un senador joven y apuesto para dar el discurso al día siguiente, Pablo Aguirre. Hay unos que guardan dudas respecto a la elección de Aguirre a causa de unos chismes que le siguen: que mató a un hombre en un duelo, que él y su amante se han amancebado sin casarse.

Ante el senado un miembro opositor al senador Aguirre le echa en cara el caso de su mero padre–el que en su turno como gobernador impuso límites a la prensa coincidentes con sus intereses financieros—con el resultado que Aguirre le da una cacheteada en la cara, o sea le desafía a un duelo.

Mientras tanto en la casa familiar: vuelta a la ciudad Ana recibe una lección espontánea y espeluznante de la moralidad y el pecado de parte de la institutriz. Le indica un cuadro que representa a los diablos arrastrando a los perdidos al infierno. Por un solo pecado. Hace hincapié repetidamente en el riesgo de morirse con el alma cargado con hasta un solo pecado.

Sin embargo hay tentación en todos lados. La familia monta un baile por parte de las muchachas mayores de la casa. La madre manda a Ana al cine acompañada por la institutriz. Debido a un cambio de programa inesperado en el cine no ven una película juvenil sin una de Valentino (la que anima a la institutriz por haber visto tantas películas juveniles al lado de Ana).

Ana, algo alterada por lo que acaba de ver en el cine, vuelve a la casa ya en plena fiesta. Su madre le manda subir a su cuarto pero su padre la detiene con el propósito que baile con el señor Aguirre, él que tiene citado el duelo al día siguiente. Es el primer baile de ella y—quizás—el último de él. Por encima de los efectos de la película romántica, la experiencia de bailar con un hombre guapo que enfrentará la muerte al amanecer la trastorna bastante.

Pablo Aguirre pasará la noche antes del duelo en la casa de los Castro, el que se celebrará en los recintos de la casa. Ana no puede dormirse y sale al pasillo en el que topa con Pablo Aguirre. Ella se entrega a besarse y él la toma a la fuerza.

Pablo Aguirre gana el duelo. Todo lo sucedido de la noche anterior se relega al olvido por todo el mundo menos Ana.

Y por eso Ana no puede sostener la mirada del señor Aguirre en la mesa.

Con subtítulos fijos en inglés.

La guerra del cerdo

julio 10, 2007

La guerra del cerdo (Argentina, 1975, 90 minutos). Dirigida por Leopoldo Torre Nilsson. ***1/2 de cinco.

Reparto: José Slavín, Marta González, Víctor Laplace, Edgardo Suárez.

En las calles nocturnas de la Buenos Aires de 1969 hay una banda de jóvenes que caza a los ancianos. No lo hacen al azar pero bajo la influencia de un líder impulsado por una ideología según la cual los ancianos son parásitos, cerdos. La cuadrilla se enfoca con una furia particular en los ancianos que pretenden hacerse jóvenes.

El protagonista, Isidro, ocupa lo que se dice la tierra de nadie: falta algo de haber llegado a ser viejo pero ya hace mucho que dejó de ser joven. Se reúne diariamente con una tertulia de amigos para jugar a naipes y los amigos sí son ancianos de modo que se encuentra involucrado muy directamente en el asunto. Es más, su hijo adulto, Isidrito, pertenece a la banda.

Es notorio que los hijos de varios de los amigos de Isidro el padre están metidos en la banda (y creo que no es una coincidencia que, tal como Isidro hijo, algunos comparten el mero nombre con su padre). Lleva la implicación que dichos hijos no son malos por naturaleza. No son ni mejor ni peor que sus padres (algunos de los que sí son cerdos) no obstante bajo la influencia del grupo se convierten en una jauría dañina.

Hay un segundo hilo del argumento en el que Isidro el padre entra a tientas en una relación amorosa con una chica que lleva la mitad de su edad por lo cual Isidro se pone al riesgo de atraer la ira de la banda por ser—según la banda—un viejo verde.

En sus grandes trazas se trata de la potencia de la psicología colectiva de sobrevenir el buen sentido del individuo, y—más importante—de la búsqueda de ternura en un ambiente feo, frío y brutal.

El ambiente de la película me sugiere el de otra película del director, Los siete locos, aunque tienen lugar en épocas diferentes (la presente en 1969—más o menos el mundo contemporáneo—y la otra en la década de los treinta, creo). Tienen el mismo color sucio y el mismo ambiente de decadencia tal como existiesen en el mismo mundo (muy a diferencia del mundo de las películas de L. Torre Nilsson filmadas en blanco y negro).

VHS con subtítulos en inglés.

El Pibe Cabeza

julio 9, 2007

El Pibe Cabeza (Argentina, 1975, 105 minutos).  Dirigida por Leopoldo Torre Nilsson.  ** ½ de cinco. 

Reparto: Alfredo Alcón, Jose Slavín, Edgardo Suarez, Silvia Montanari. 

La historia sangrienta del gangster el Pibe Cabeza.  Al fin de cuentas, lo hizo todo para impresionarle a una mujer. 

Sin subtítulos.

 

Los siete locos

octubre 20, 2006

Los siete locos (Argentina, 1973, 110 minutos), dirigida por Leopoldo Torre Nilsson (o, a veces, Torre Nilson). **** de cinco.

Reparto: Alfredo Alcón, Norma Aleandro, Héctor Alterio.

Una historia que huele de la literatura de la alienación (se basa sobre un par de cuentos del argentino Roberto Arlt). Aunque tiene lugar en la Buenos Aires de los treinta parece la Berlín de la época de la república Weimar por lo decadente que es. Remo Erdosain es un hombre sin familia que trabaja en el puesto mezquino de cobrador, un hombre que se identifica como un infeliz. Fuera del trabajo gasta su tiempo con unos colaboradores en desarrollar inventos descabellados (como el de preservar una flor en un baño de cobre).

Se casa con una mujer placentera y convencional (una pariente de uno de sus compañeros de trabajo) a quien le falta la menor simpatía hacia la angustia de Erdosain. Con tiempo deja de pasar tiempo en casa con su mujer y se pone a andar por los antros nocturnos de la ciudad. Una noche se encuentra en una reunión media religiosa en la que predica un charlatán con pico de oro quien se llama el Astrólogo. Remo le cae bien al Astrólogo y este—el Astrólogo—se lo presente a un tipo Hafner, apodado el Rufián Melancólico, un proxeneta chulo. Parece que el Astrólogo encabeza un grupo que fomenta una revolución sin política, sin ideología: la revolución por sí. Hafner, un cínico hasta los tuétanos, les proporciona fondos—por aburrimiento, dice. El grupo está tramando un atentado terrorista para crear un ambiento de inquietud en el país. Erdosain se mete con el grupo.

La película avanza el planteamiento que el terrorismo puede servirles a los infelices para extirparse las humillaciones cotidianas, una especie de refugio contra el fracaso. Erdosain se desilusiona de crear algo útil (o—mejor dicho—algo por medio de la venta de que puede levantarse de su vida mezquina); la conspiración le ofrece la acogida que el mundo afuera le denegó.

La película nos presenta un mundo feo, decadente, no obstante bien hecho; aunque hay que verla por turnos por lo largo que es y por la falta del impulso hacia adelante.

Sin subtítulos.