Archive for the ‘director: Leonardo Favio’ Category

Este es el romance del Aniceto y la Francisca, de como quedó trunco, comenzó la tristeza…y unas pocas cosas más

septiembre 2, 2007

Este es el romance del Aniceto y la Francisca, de como quedó trunco, comenzó la tristeza…y unas pocas cosas más. (Argentina, 1965, 60 minutos, B&N). Dirigida por Leonardo Favio. *** de cinco.

Reparto: Federico Luppi, Elsa Daniel, María Vaner, Edgardo Suarez.

El romance…es una película que se esfuerza en hacerse sencilla. Se hizo sin colores y con muy escasos diálogos. El estilo me sugiere mucho el del cine mudo.

El argumento es igual de sencillo. Tiene lugar en un pueblo del estado Mendoza. El Aniceto—la película tiene la fetiche de referirles a los personajes con el artículo definitivo, tanto como la de El dependiente que la sigue en que los personajes les llaman siempre con los títulos señor, señorita, señora o don (pero en la película presente se limita a la presentación del elenco al comienzo; los personajes mismos no se llaman así)—el Aniceto conoce a la Francisca. Son personajes sin antecedentes y sin familia. El Aniceto es gallinero que vive con su gallo en una casita humilde. La Francisca es una chica sumisa y trabajadora (trabaja de criada). Se conocen y se amanceban en la casita del Aniceto. La Francisca quiere al Aniceto con una lealtad perruna: lo cura después de que consigue una puñalada en una disputa callejera, lo espera mientras está encarcelado (y le cuida el gallo).

Con tiempo el Aniceto ya suelto de la cárcel se fija en otra mujer, la Lucía, una mujer maquillada que trabaja en salones de baile. Se hace el contraste entre la mujer sencilla y no exigente, la Francisca y la tentadora y cara, la Lucía. El conflicto se pone agudo cuando las dos mujeres se topan con sus cántaros ante la fuente y la Francisca se fija en el anillo que se luce en la mano de la Lucía, el que había visto el día anterior en la posesión del Aniceto. Las dos se enfrentan como un par de gallos en el reñidero.

Más no quiero decir no obstante la trayectoria de la historia se sabe de antemano por el título, al menos en sus grandes rasgos.

Los 60 minutos de su largo pasan lentamente por la falta de acción. En gran parte la película se compone de una serie de imágenes por medio de las que se nos iluminan las relaciones, pero rara vez que pasa algo más que el intercambio de miradas. Sin duda el director (quien colaboró con su hermano en escribir el guión) tiene el propósito de las etapas de la relación utilizando no más que los elementos más básicos, sin adornos. Bueno, se aprovecha de un símbolo en la forma del gallo campeón mimado por el Aniceto. A través del gallo—al que cuida la Francisca cuando el Aniceto está en la cárcel y al que el Aniceto se ve obligado a vender para conseguir dinero para la persecución de la Lucía—se nos da a entender que hay decisiones que no se retraen, caminos que no se retrocedan, pérdidas que no se recobren.

VHS sin subtítulos.

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El dependiente

agosto 12, 2007

El dependiente (Argentina, 1967, 82 minutos, B&N). Dirigida por Leonardo Favio. *** ½ de cinco.

Reparto: Walter Vidarte, Graciela Borges, Fernando Iglesias, Nora Cullen.

Fernández—nunca se nos da a conocer su nombre—llega a trabajar en la Ferretería Vila. Es reservado, trabajador, cuidadoso con los centavos de Don Vila. Se nota por el narrador—porque la historia se relata a través de narración—que Don Vila ve en Fernández el hombre que era de joven y Fernández ve en Don Vila su futuro. Fernández es un personaje sin familia y antecedentes. Ya hace un rato no precisado que Fernández sigue en la vida estrecha de la ferretería. Vive ahí con el viejo Don Vila y el señor dueño le ha prometido que heredará la tienda a su muerte. Por eso Fernández acecha a los cambios de la salud del viejo anhelosamente (se implica que la relación entre los dos no es muy calurosa).

Después del cerrado de la tienda Fernández utiliza el camión raquítico de Don Vila para repartir los pedidos del día, si hay. En uno de estos recorridos se fija en una mujer joven parada ante la puerta de un edificio destartalado que sirve de alguna especie de centro espiritualista (aunque de fuera no tiene pinta de iglesia). La ve parada ahí en el mismo sitio varios días consecutivos y le arrebata el interés. Se resuelve a conocerla.

Una tarde, al saber que no hay ningún pedido de repartir, se ausenta de la cena humilde en la trastienda con Don Vila con la excusa que le hace falta aire y va caminando al lugar. Se presenta a la puerta de la señorita, la que lo reconoce del camión y lo conduce apresuradamente dentro de la casa como si tuviera miedo de que se viera en la puerta. La señorita Placini—ella tampoco tiene nombre—vive al lado del centro espiritualista con su madre que cuida el centro (el señor Placini está muerto). La señorita es reservada, con una mirada coqueta y huidiza a la vez. El señor Fernández y la señorita Placini se sientan en sillas, enfrentándose uno al otro a una distancia y pasan un rato incómodo procurando conversar con resultados torpes y vacilantes a medida que la madre de la señorita Placini entra y sale del salón más oscuro que alumbrado hablando por los codos.

Fernández sigue pasando de noche por la casa de las Placini para pasar un rato sentado tieso ante la señorita, efectivamente entrado en un noviazgo.

Si la tienda de Don Vila es opresiva en su banalidad, la casa de las Placini es un manicomio crepuscular. Las Placini tienen escondido en la casa el hermano de la señorita, un fenómeno albino y subnormal. Hasta el gato que anda suelto en la casa tiene algo salvaje. La rareza está aumentada por la presencia del centro espiritualista al lado. Una noche Fernandez entra la puerta equivocada sin querer y presenciamos unos segundos del espectáculo de un par de mujeres sacudiéndose los cabellos como poseídas mientras los fieles baten las palmas rítmicamente. No más se vislumbra.

Creo que no echo a perder nada en decir que con tiempo el viejo se muere y los jóvenes se casan.

Aunque la historia es sombría y pesimista no es un discurso universal respecto al carácter de la vida. Fernández es un hombre desdichado pero no todos son así de infeliz. Tiene alma de dependiente y sus aspiraciones no sirven para más que hacerle el hazmerreír del destino.

Si hay un tema universal por encontrarse tal vez es el de que nunca se sabe que clase de vida pasen los habitantes de una casa tras puertas cerradas, ni cuales son las locuras o los rencores que se guarden fuera de la luz de la calle.

La película fue filmada sin colores y con un estilo austero, tenebroso, casi primitivo. La cámara del director Leonardo Favio casi siempre está fija para hacer más efectivos las dos o tres ocasiones que se mueve. La técnica de contar la historia mediante narración es una torpeza; mejor comunicar lo necesario con medios más cinemáticas. El efecto más logrado es el ambiente opresivo de enajenación, de un mundo simpático que queda siempre fuera del alcance.

La película en su totalidad es un intento sincero de producir una obra de arte de verdad sin embargo el resultado algo forzado. Tiene un fin irónico y no sutil que me cae artificial. A fin de cuentas es una película difícil de juzgar: admiro el intento pero no es tan buena como se pretenda.

Digno de verse.

VHS sin subtítulos.

Nazareno Cruz y el lobo

octubre 21, 2006

Nazareno Cruz y el lobo (Argentina, 1975, 92 minutos), dirigida por Leonardo Favio. ***1/2 de cinco.

Reparto: Juan José Camero, Marina Magali, Lautaro Marúa, Nora Cullen, Alredo Alcón.

Al nacer Nazareno Cruz una vieja del pueblo—una bruja evidentemente—lo lamenta y le pronostica a su madre que, al madurar, en las noches de luna llena andaría por el campo hecho lobo por ser el séptimo hijo varón. El padre de Nazareno y sus seis hermanos se ahogaron al intentar franquear un río crecido con la manada que conducían dejando sola a la madre del pequeño Nazareno.

Nazareno crece a ser un joven bonachón que le cae bien a todo el mundo. Mientras una fiesta pueblerina conoce a una chica rubia y se enamora de ella. Hay también en la fiesta un forastero oscuro y siniestro, de mal agüero. El día siguiente el hombre topa con Nazareno en un sendero en la sierra y le avisa que, al haberse enamorado, estaría condenado a andar por el campo hecho lobo cuando la luna está llena. Le ofrece riquezas asombrantes para denegarse el amor (adivínate quién sea el forastero). Nazareno se echa a reír a carcajadas. Por eso se arranca la historia del hombre lobo.

Leonardo Favio fue mejor conocido como actor y cantante; sin embargo, alentado por el director Leopoldo Torre Nilson, dirigió unas películas interesantes de su propia cuenta. La presente aspira a hacerse algo más que lo típico del género de horror. ¿Me atrevo a decir que aspira al arte? Lo logra—a medias. Hay tramos efectivos y otros risibles. La variedad del éxito de la técnica se demuestra sobre todo en el uso de música: se emplea la música operática efectivamente en una secuencia en la que los pueblerinos cazan al lobo; sin embargo la música popular de la época (los setenta) que se usa en los escenarios entre la pareja de amantes es un desastre. Otra cosa: la muchacha de quien se enamora Nazareno no tiene el menor encanto. Tiene el pelo rubio y lacio, las cejas sacadas y la tez tan pálida hasta parecer enfermiza. Bueno, es una rubia en un pueblo de morenos pero–¡caramba!–¿el pelo rubio vale tanto?

Con subtítulos en español que se puede apagar (no en inglés).

Juan Moreira

julio 2, 2006

Juan Moreira (Argentina, 1972, 105 minutos), dirigida por Leonardo Favio. ***** de cinco.

Reparto: Rodolfo Bebán, Edgardo Suárez, Elena Titek, Alba Mujica, Carlos Muñoz.

Juan Moreira es un gaucho que reclama a las autoridades lo que le corresponde al haber sido defraudado de la paga debida por el arreo de ganado. Las autoridades aceptan la palabra del patrón encima de la de Juan y lo castigan por medio de exponerlo al público en el cepo por haber suscitado un reclamo falso. Al librarse se venga del patrón con su puñal. Se huye dejando atrás a su mujer y su hijo para vivir andando, un forajido. Las autoridades lo persiguen sin éxito y llega de adquirir fama entre las gentes comunes.

Se acerca la temporada de las elecciones nacionales y unos representantes de uno los partidos le ofrecen a JM el indulto en cambio de su ayuda en los comicios. Se liga con el partido pero al sentirse maltratado se cambia de partidos de modo que luego de las elecciones Juan resulta inconveniente a todos y se encuentra cazado de nuevo de todos lados.

Juan Moreira es un ejemplo del antihéroe tan característico de esa época del cine. Efectivamente una película de vaqueros, me sugiere en algunos aspectos las obras del director italiano Sergio Leone: el héroe ambiguo, la violencia súbita, la música estrepitosa. La película corre a una duración larga y falta el estilo auto-conciente de Sergio Leone pero tiene algunos tramos impresionantes: un sueño febril en el que JM camina con la muerte en la forma de una anciana pálida; una escena en una cantina después del cambio de partidos de JM en la que el guitarrista canta de improvisa un corrido de un camaleón. En sus grandes rasgos la historia se parece mucho a la de Martín Fierro, la que fue filmada por Leopoldo Torre Nilsson—el maestro de Leonardo Favio—en 1968. En este caso me parece que el estudiante superó al maestro.

Tiene subtítulos en inglés, español o portugués los que se puede apagar.