Archive for 12 agosto 2007

El dependiente

agosto 12, 2007

El dependiente (Argentina, 1967, 82 minutos, B&N). Dirigida por Leonardo Favio. *** ½ de cinco.

Reparto: Walter Vidarte, Graciela Borges, Fernando Iglesias, Nora Cullen.

Fernández—nunca se nos da a conocer su nombre—llega a trabajar en la Ferretería Vila. Es reservado, trabajador, cuidadoso con los centavos de Don Vila. Se nota por el narrador—porque la historia se relata a través de narración—que Don Vila ve en Fernández el hombre que era de joven y Fernández ve en Don Vila su futuro. Fernández es un personaje sin familia y antecedentes. Ya hace un rato no precisado que Fernández sigue en la vida estrecha de la ferretería. Vive ahí con el viejo Don Vila y el señor dueño le ha prometido que heredará la tienda a su muerte. Por eso Fernández acecha a los cambios de la salud del viejo anhelosamente (se implica que la relación entre los dos no es muy calurosa).

Después del cerrado de la tienda Fernández utiliza el camión raquítico de Don Vila para repartir los pedidos del día, si hay. En uno de estos recorridos se fija en una mujer joven parada ante la puerta de un edificio destartalado que sirve de alguna especie de centro espiritualista (aunque de fuera no tiene pinta de iglesia). La ve parada ahí en el mismo sitio varios días consecutivos y le arrebata el interés. Se resuelve a conocerla.

Una tarde, al saber que no hay ningún pedido de repartir, se ausenta de la cena humilde en la trastienda con Don Vila con la excusa que le hace falta aire y va caminando al lugar. Se presenta a la puerta de la señorita, la que lo reconoce del camión y lo conduce apresuradamente dentro de la casa como si tuviera miedo de que se viera en la puerta. La señorita Placini—ella tampoco tiene nombre—vive al lado del centro espiritualista con su madre que cuida el centro (el señor Placini está muerto). La señorita es reservada, con una mirada coqueta y huidiza a la vez. El señor Fernández y la señorita Placini se sientan en sillas, enfrentándose uno al otro a una distancia y pasan un rato incómodo procurando conversar con resultados torpes y vacilantes a medida que la madre de la señorita Placini entra y sale del salón más oscuro que alumbrado hablando por los codos.

Fernández sigue pasando de noche por la casa de las Placini para pasar un rato sentado tieso ante la señorita, efectivamente entrado en un noviazgo.

Si la tienda de Don Vila es opresiva en su banalidad, la casa de las Placini es un manicomio crepuscular. Las Placini tienen escondido en la casa el hermano de la señorita, un fenómeno albino y subnormal. Hasta el gato que anda suelto en la casa tiene algo salvaje. La rareza está aumentada por la presencia del centro espiritualista al lado. Una noche Fernandez entra la puerta equivocada sin querer y presenciamos unos segundos del espectáculo de un par de mujeres sacudiéndose los cabellos como poseídas mientras los fieles baten las palmas rítmicamente. No más se vislumbra.

Creo que no echo a perder nada en decir que con tiempo el viejo se muere y los jóvenes se casan.

Aunque la historia es sombría y pesimista no es un discurso universal respecto al carácter de la vida. Fernández es un hombre desdichado pero no todos son así de infeliz. Tiene alma de dependiente y sus aspiraciones no sirven para más que hacerle el hazmerreír del destino.

Si hay un tema universal por encontrarse tal vez es el de que nunca se sabe que clase de vida pasen los habitantes de una casa tras puertas cerradas, ni cuales son las locuras o los rencores que se guarden fuera de la luz de la calle.

La película fue filmada sin colores y con un estilo austero, tenebroso, casi primitivo. La cámara del director Leonardo Favio casi siempre está fija para hacer más efectivos las dos o tres ocasiones que se mueve. La técnica de contar la historia mediante narración es una torpeza; mejor comunicar lo necesario con medios más cinemáticas. El efecto más logrado es el ambiente opresivo de enajenación, de un mundo simpático que queda siempre fuera del alcance.

La película en su totalidad es un intento sincero de producir una obra de arte de verdad sin embargo el resultado algo forzado. Tiene un fin irónico y no sutil que me cae artificial. A fin de cuentas es una película difícil de juzgar: admiro el intento pero no es tan buena como se pretenda.

Digno de verse.

VHS sin subtítulos.

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Damiana y los hombres

agosto 7, 2007

Damiana y los hombres (México, 1967, 104 minutos). Dirigida por Julio Bracho. ** 1/2 de cinco.

Reparto: Mercedes Carreño, Jaime Fernández, Roberto Cañedo, Andrés Soler.

Este vehículo para la estrellita Mercedes Carreño es efectivamente María Candelaria rehecha al estilo de los sesenta.

Damiana es una vendedora de flores en Xochilmilco—“más popular que la cerveza” entre los muchachos—pero no tiene ojos para nadie más que su Ramón, un humilde pintor de flores (de lo peor–como pintor, quiero decir). Un fotógrafo de México la descubre y se la lleva al D.F. para hacerle modelo, donde la chica del campo está en peligro de perderse la virtud y la sencillez.

¡Qué cosa! Tiene el propósito que nos enamoremos de Damiana—bueno—y a este fin dispara con todos los cañones una sarta de banalidades desde el principio hasta el fin. Tiene menos pretensiones que la María Candelaria del Emilio Fernandez, la convierte en épico burlesco o, mejor dicho, tragedia burlesca—y gocé yo de cada minutico por lo descabellado que fue. Es basura risible—pero la risa vale o ¿no?

Más vale no citar al director Julio Bracho—uno de las luces de la época dorada ya en el crepúsculo de su carrera pero la Meche Carreño es simpática y no puedo fallar de gozar por completo de una película que se protagoniza por Andrés Soler, el mejor de los Soler.

Sin subtítulos.

La primera noche

agosto 3, 2007

La primera noche (Colombia, 2003, 90 minutos). Dirigida por Luís Alberto Restrepo. ** ½ de cinco.

Reparto: John Alex Toro, Carolina Lizarazu, Hernán Méndez, Enrique Carriazo, Julián Román.

La película abre con un hombre vestido de soldado huyendo por el bosque de noche llevando consigo una mujer y dos niños pequeños (parecen una pareja el hombre y la mujer pero la relación resulta más complicada). El hombre se llama Tonio y la mujer Paulina. Llegan a la casita de un amigo del hombre a quien le piden ropa civil y dinero. La zona está en plena guerra entre el ejército y la guerrillera. A causa de haber matado a su sargento Tonio se encuentra obligado a escaparse a toda prisa. El motivo del asesinato se deja por aclararse luego.

Dentro de poco llegan los cuatro, Toño, Paulina y las dos criaturas, a Bogotá. No conocen a nadie y se les lleva el poco dinero que tienen.

Tres cuartos del largo de la película se sucede en una esquina en el centro de Bogotá en una sola noche (por eso el título) mientras luchan a sobrevivir la noche y Tonio hace memoria de los acontecimientos que los llevaron hasta tal extremo: la llegada de la chica Paulina al pueblo ante la vista de Tonio y su hermano Wilson; algunos enredos amorosos; la decisión de Wilson de ir al monte para juntarse a la guerrillera y la de Tonio de hacerse soldado (para conseguir el libreto necesario para trabajar o estudiar)—y el conflicto que resulta.

En la encrucijada de Bogotá, mientras Tonio se ha ausentado para buscar comida, les pasa a Paulina y los niños dormidos una y otra vez un trapero con su carrito lleno de trastes. Se intercede por Paulina ante unos guapos del barrio y le ofrece a Paulina ayuda en la forma de pequeños alivios (una caja de cartón para proteger a los niños del viento). El trapero parece atento y desinteresado pero a fin de cuentas tiene sus motivos, igual a todos.

Los personajes son poco profundos y la materia acerca de la guerra menos aún. Por lo tanto no logra a ser ni una buena historia personal ante la tela de la guerra ni un discurso sobre la política de la guerra contado a través de los protagonistas. No nos da a conocer nada respecto a los motivos de los partidarios. La guerra sirve no más de pretexto de una historia personal que no vale la pena.

Con subtítulos en inglés que se puede quitar.