Fin de fiesta

Fin de fiesta (Argentina, 1960, 102 minutos, B&N). Dirigida por Leopoldo Torre Nilsson. ***** de cinco.

Reparto: Arturo García Buhr, Lautaro Murúa, Leonardo Favio, Graciela Borges, Osvaldo Terranova.

Un ensayo sobre la política de Argentina de la época antes de la dictadura militar vista en la persona y la familia del viejo senador y caudillo Mariano Braseras. Es una película compleja y sombría, casi una endecha, quizás la obra maestra de Leopoldo Torre Nilsson.

Presenciamos la historia por los ojos de Adolfo, un joven de dieciocho años, nieto del senador Braseras. Por una casualidad Adolfo conoce a Gustavino, un guapo de Braseras (el guapo: un secuaz, hombre fornido que se encarga de tareas sucias por su patrón). Al lado de Gustavino, Adolfo se entera de los métodos brutales de lograr los expedientes del poder.

Hay tres relaciones centrales en la vida de Adolfo: la con su abuelo (los padres de Adolfo se murieron antes del comienzo de la historia), la con Gustavino y una tercera con su sobrina Mariana, con la que mantiene una relación complicada de antipatía y cariño. El director plantea una vinculación entre lo político y lo personal y plantea además una vinculación entre el cariño y la brutalidad en las relaciones personales (con implicaciones no precisadas respecto la brutalidad en el campo político).

La película se distingue de las otras del director de la época por ser menos materia de novela romántica. Por eso quiero decir que el sexo reprimido no domina todo el escenario tal como lo hace en algunas otras películas reseñadas abajo (aunque queda como corriente subterránea). Según seguimos la trayectoria de Braseras hasta su fin no hay nada de lo bonito, ninguna concesión al sentimentalismo. El caudillo viejo, ya vivo encerrado en su casa con todo su obra desmoronada, una vida que se ha sobrepasado de largo, insiste sin el menor arrepentimiento, “Si Argentina perteneciera a unos pocos, los Argentinos seríamos felices.”

Una de las mejores películas que se tratan de la política por haber entreverado así los motivos de la vida pública y la vida privada—y por ser libre de propaganda. Lo que quiero decir es, aunque la materia sea la política nunca deja de ser historia de seres humanos.

Fin de fiesta, ¡carajo!

Sin subtítulos.

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