La casa del ángel

La case del ángel (Argentina, 1956, 76 minutos, B&N). Dirigida por Leopoldo Torre Nilsson. **** de cinco.

Reparto: Elsa Daniel, Lautaro Murúa, Barbara Mujica, Guillermo Bataglia.

Una cena en una casa lujosa. Hay dos señores, uno de edad, y una señorita. Nos habla la señorita. El señor mayor es el padre de la señorita y el otro es un amigo de la familia. La madre de la señorita está muerta. El señor se llama Pablo Aguirre y cena con la familia Castro—porque estamos en la casa del los Castro—cada viernes. Hay una tensión abrumadora que pesa sobre Ana, la señorita, la que no se sienten los hombres. Se hablan tranquilamente de la política sin hacer mucho caso a la señorita, la que no puede ni levantar los ojos hasta la cara del señor Aguirre. Ana espera con disgusto, hasta con horror, el momento de tener que traerles a los hombres el café el servírselo. Después del café la señorita les pide el permiso de ausentarse para salir con sus amigos. Abrígate bien, le aconseja el señor Aguirre cordialmente.

La misma escena se repite escena cada viernes.

Ana hace memoria para revelarnos las raíces de su malestar.

La vemos mientras juega con su hermana y su sobrina, las mayores, en el jardín del caserón veraniego de la familia en el campo. En el jardín hay estatuaria del estilo griego pero con los cuerpos tapados con tela para ocultar su desnudez. La sobrina, una chica pícara y tentadora, lleva a Ana a un parque, o quizás un cementerio, que tiene una escultura de un sátiro recostado y le invita besarlo en la boca. Ana se asusta y se huye pero en su fuga topa con un chico desconocido y se detiene a besarlo en la boca impetuosamente. La madre de Ana lo ve y hace llevar a todas las muchachas a la ciudad.

La casa de los Castro en la ciudad hierve con la política.

Se nos presenta un retrato de la clase alta de Buenos Aires al comienzo del siglo XX en la que los hombres se dedican a la política, a enriquecerse (a veces por medio de la política), y al juego o al libertinaje según su gusto. Las damas se dedican a la iglesia y a la crianza de los hijos. Bajo esta regla Ana, una muchacha de como catorce años, ha pasado una vida protegida e inocente.

Cuando las muchachas llegan con su madre vueltas del campo el padre de la familia Castro está encerrado en su despacho con sus correligionarios del senado. Traman una estrategia de promulgar una ley para garantizar la libertad de la prensa (la que por casualidad les favorece los intereses financieros). Eligen a un senador joven y apuesto para dar el discurso al día siguiente, Pablo Aguirre. Hay unos que guardan dudas respecto a la elección de Aguirre a causa de unos chismes que le siguen: que mató a un hombre en un duelo, que él y su amante se han amancebado sin casarse.

Ante el senado un miembro opositor al senador Aguirre le echa en cara el caso de su mero padre–el que en su turno como gobernador impuso límites a la prensa coincidentes con sus intereses financieros—con el resultado que Aguirre le da una cacheteada en la cara, o sea le desafía a un duelo.

Mientras tanto en la casa familiar: vuelta a la ciudad Ana recibe una lección espontánea y espeluznante de la moralidad y el pecado de parte de la institutriz. Le indica un cuadro que representa a los diablos arrastrando a los perdidos al infierno. Por un solo pecado. Hace hincapié repetidamente en el riesgo de morirse con el alma cargado con hasta un solo pecado.

Sin embargo hay tentación en todos lados. La familia monta un baile por parte de las muchachas mayores de la casa. La madre manda a Ana al cine acompañada por la institutriz. Debido a un cambio de programa inesperado en el cine no ven una película juvenil sin una de Valentino (la que anima a la institutriz por haber visto tantas películas juveniles al lado de Ana).

Ana, algo alterada por lo que acaba de ver en el cine, vuelve a la casa ya en plena fiesta. Su madre le manda subir a su cuarto pero su padre la detiene con el propósito que baile con el señor Aguirre, él que tiene citado el duelo al día siguiente. Es el primer baile de ella y—quizás—el último de él. Por encima de los efectos de la película romántica, la experiencia de bailar con un hombre guapo que enfrentará la muerte al amanecer la trastorna bastante.

Pablo Aguirre pasará la noche antes del duelo en la casa de los Castro, el que se celebrará en los recintos de la casa. Ana no puede dormirse y sale al pasillo en el que topa con Pablo Aguirre. Ella se entrega a besarse y él la toma a la fuerza.

Pablo Aguirre gana el duelo. Todo lo sucedido de la noche anterior se relega al olvido por todo el mundo menos Ana.

Y por eso Ana no puede sostener la mirada del señor Aguirre en la mesa.

Con subtítulos fijos en inglés.

3 comentarios to “La casa del ángel”

  1. White Testament Says:

    Has visto la de “Calzonsin Inspector”???
    Esta buenisima! es una pelicula Mexicana VIEJA pero muy buena

  2. el_mirón Says:

    Hola:

    Respecto a “Calzonzín Inspector,” tengo en la cinta en la colección pero no la he visto todavía. Al verla escribiré una entrada.

    Sin duda ya sabes que dejé un comentario en su sitio hace poco dirigido al señor que le pedía a Nike imprimiera la palabra ‘sweatshop’ en los zapatos. Entiendo el disgusto del señor que escribió las cartas a Nike pero la cosa no es tan sencilla como se implica. Los sueldos de los trabajadores no subirán hasta que los obreros se integren en el mercado laboral mundial más a fondo. Por lo tanto el rehusar de comprar las mercancías hechas por trabajadores mal pagados no logra nada a propósito de hacer subir los sueldos. Más vale comprarlas—y muchas. Tal vez te parece contra el sentido común o contradictorio pero así es (–bueno, al menos yo afirmaría y defendería tal planteamiento).

    Saludos,

    El Mirón

  3. White Testament Says:

    Tienes toda la razon. Pero asi es la vida… xD Hay veces en que solo te dan una opcion: Te jodes

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