Epitafios

Epitafios (Argentina, 2004, 780 minutos), dirigida por Jorge Nisco y Alberto Lecchi. *** de cinco.

Reparto: Julio Chávez, Paola Krum, Cecilia Roth, Antonio Birabent, Villanueva Cosse.

Una miniserie, producción de HBO.

En Buenos Aires hay un asesino de serie el motivo de que se arraiga en el rescate fracasado de cuatro rehenes, estudiantes secundarios, los que fueron detenidos en un aula por un maestro desafecto. Todos los estudiantes tomados se murieron quemados en un incendio. La secuestración y el intento al rescate tuvieron lugar hace cinco años respecto al presente de la película. El asesino anuncia a la identidad de su víctima siguiente por medio de lápidas con inscripciones enigmáticas.

Los protagonistas principales son un ex-policía ya taxista, amargado por el papel que hizo en el incidente de los rehenes, y una psicóloga, la que trataba al secuestrador antes del día de autos. Mientras que mucha gente vinculada con el crimen, aunque sea muy oblicuamente, se hallan muertos, los dos protagonistas se dan cuenta del peligro que corren por haber sido metido en el asunto—y por la culpa que se guardan a causa de él—y se involucran en la búsqueda del asesino.

Hay muchos personajes más que entran y salen de escenario a lo largo de los trece capítulos de cuarenta y cinco minutos. De verdad todos son estereotipados, desde el ex-policía que quiere meterse en la investigación a escondidas a pesar de las amonestaciones del jefe, al jefe mismo que les exige a sus subordinados que se apresuren en aprender el asesino para aplacar a sus superiores políticos, hasta el mero asesino, el que aparentemente sabe todo de todo el mundo, puede hacer de todo, puede meterse en cualquier parte y tiene fondos casi sin límites.

La miniserie tiene sus faltas. Cada vez que el cuerpo policial tiene el asesino entre las manos se comete una torpeza ridícula que lo deja la oportunidad de esfumarse. Hay unas cosas poco creíbles: la psicóloga le pide a un estudiante liberado del secuestrador en la escuela que vuelva a entregárselo para complacerlo y hacerlo más tratable (se delata muy poco de la historia, pasa en el primer capítulo); un policía mata a mansalva a un sospechoso indefenso ante la vista de sus superiores y no se lo castiga. A fin de cuentas la falta principal es la de una falta de originalidad general. Todo tiene la pinta de ser materia comprada de segunda mano. No obstante la historia anda rápido y hay unas sorpresas verdaderas. Por eso, con tal de que puedas hacer gorda la vista respecto a las faltas, hay de que gozar.

La ciudad en la que se localiza la historia nunca se precisa directamente. Los apellidos italianos y el acento ligeramente argentino sugieren Buenos Aires. Me reparo con interés en la ausencia completa del ‘vos.’ Nunca jamás se escucha ni un solo. Sin duda se hace así para no disgustarle al público hispano no argentino. Es de esperarse–¿no?—dado que Univisión hace doblar las voces de las películas españolas con las de actores mexicanos.

Con subtítulos en inglés que se puede quitar.

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