Una mujer sin amor

Una mujer sin amor (México, 1952, 86 minutos, B&N), dirigida por Luis Buñuel. ***1/2 de cinco.

Reparto: Rosario Granados, Julio Villareal, Tito Junco, Joaquín Cordero.

Rosario es una mujer joven casada con el dueño de una tienda de antigüedades. El esposo Carlos es bastante mayor y antipático. Nos enteramos de que Rosario se casó con él para sacarse de la pobreza. Tienen un hijo, Carlitos, que tiene como diez años. Carlos increpa a Carlitos causándolo escaparse de la casa. Se huye al campo donde se topa con en pelotón de trabajadores. Al jefe, un ingeniero, le cae bien el chamaco y el ingeniero—Julio—lo lleva a su casa. Julio y Rosario se enamoran al primer golpe de vista. Empiezan a reunirse a escondidas. Julio recibe el ofrecimiento de un puesto en Brasil y montan un plan de irse juntos con Carlitos; sin embargo le pega a Carlos un infarto grave y Rosario se siente obligada a quedarse a su lado. Julio se desespera y se a Brasil solo.

Saltamos un par de décadas al porvenir. Nos encontramos en la fiesta en la cual se celebra la graduación del segundo hijo de Rosario y Carlos, Miguel, de la facultad de medicina. Miguel y su hermano mayor Carlitos—ya Carlos—los dos son médicos y planean despachar juntos en una clínica privada con tal de que su padre Carlos—aún vivo—pueda reunir lo suficiente mediante la venta de unas tierras.

Todo lo anterior sirve de la base de lo que sigue; es el preludio, el cimiento.

La familia recibe una visita de un notario quien les informa de un testamento de un tal Julio Mistral que acaba de morir en Sao Paolo, Brasil, dejando toda su fortuna de un millón cien mil pesos al hijo menor Miguel, el que nació después de la partida—unos meses—del señor muerto. En esto se encuentra la materia de la sátira: o sea, la manera que reaccionan todos al joven súbitamente rico. La novia ambigua de Carlos—el hijo—se cambia de partes; Carlos—el padre—pasa completamente por alto la implicación de la herencia respecto a la fidelidad de su mujer, tanto le impresiona el dinero mismo. Sólo Carlos el hijo ata los cabos y se amarga.

Sin la colaboración del cinematógrafo maravilloso Gabriel Figueroa, el estilo visual es de poca monta. El argumento gasta mucho en preparar un lío que rinde un resultado relativamente mezquino. Se hace con inteligencia y agudeza pero no se desborda la inspiración. El amor que lleva Rosario por su amante muerto se realiza con sinceridad y simpatía, y al fin todos hacen las paces entre sí—sin desmentir la crítica del efecto del dinero sobre los escrúpulos.

VHS con subtítulos fijos en inglés.

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