La vida no vale nada

La vida no vale nada (México, 1955, 107 minutos, B&N), dirigida por Rogelio González. **** de cinco.

Reparto: Pedro Infante, Rosario Granados, Domingo Soler, Lilia Prado.

Se merece la mención que el guión fue escrito por Janet y Luis Alcoriza. Luis fue el colaborador de Luis Buñuel en varios guiones.

Pablo es un hombre mañoso, encantador y del cantar bonito (después de haberse emborrachado). Lo encontramos mientras anda de noche en plena carretera, borracho, llevando una botella y cantando a voz en cuello. Un bus se detiene para no atropellarlo y Pablo consigue que el conductor lo deje subir por encima del bus y andar a México con el equipaje.

En México conoce a una viuda que maneja una tiende de antigüedades dejada por su esposo difunto. Pablo empieza a trabajar en la tienda y duerme en la trastienda (la viuda y su hijo viven en el piso encima de la tienda). La viuda se enamora de Pablo y deja de vestirse de luto. Pablo la encuentra atractiva (aunque es dudoso que se haya enamorado de ella de verdad) y inician una relación íntima a hurtadillas (Pablo sigue durmiendo en la trastienda). Pablo le advierte a ella que al quedarse en un lugar fijo le pega una tristeza insoportable y tiene que huirse.

Al celebrar el día del santo de Pablo la viuda le da de beber y le pega a Pablo la corazonada de ponerse a andar de nuevo. Se emborracha hasta las cachas en la cantina y se pone en camino sin rumbo.

Este es el primero de tres episodios en los que Pablo se involucra con una mujer y cada relación acaba mal. Pablo anda buscando una relación humana que valga la pena, que perdure. Al fin la encuentra (no con una mujer) pero no hay nada del idealismo ni de lo bonito en ella. Hay una vena de cinismo que corre por la cultura mexicana y pocas veces se exhibe tan nítidamente como en la película presente. ¿Hay una película de la época clásica de Hollywood que demuestra un cinismo tan profundo? Se me ocurre Scarlet Street (1945) de Fritz Lang. La presente con sus episodios más o menos distintos no tiene la estructura tan mañosamente construida que la película de Fritz Lang y en el desenlace de la de Lang no hay la menor traza del optimismo igual a la que se encuentra en la escena final de nuestra película. Sin embargo las dos tienen una punta de vista opresivamente pesimista acerca de la naturaleza humana y la posibilidad de felicidad y convivencia entre prójimos.

Con subtítulos en inglés que se puede apagar.

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