Vivir mata

Vivir mata (México, 2002, 92 minutos), escrita (con Juan Villoro) y dirigida por Nicolas Echevarria. ***1/2 de cinco.

Reparto: Daniel Giménez Cacho, Susana Zabaleta, Alejandra Gollas, Luís Felipe Tovar, Emilio Echevarria, Diana Bracho.

La película me sugiere el dicho de un personaje de un cuento de Damon Runyon: no estoy para el uso de pretensiones falsas sobre muchachas—al menos si no se las arreglan por otro camino.

Silvia es una locutora de radio de una estación que entiende principalmente con el estado del tráfico del D. F. (la estación de ‘los helicópteros negros’). La estación se promociona por medio de dar a sus escuchas regalitos tal como pavos helados o secadores de pelo por presentarse en un lugar fijado en el programa y decir una frase dada. Silvia va al vestíbulo de un hotel lujoso para llegar a cabo una promoción así. Por casualidad oye a otra locutora de radio presentarse al mostrador la que ha venido de una estación cultural para entrevistarse con un escritor conocido. A Silvia no le apetece su tarea y se finge se la otra con la intención de conocer al escritor. Encuentra a un hombre sentado en el vestíbulo con el aspecto de estar en espera. Silvia lo toma por el escritor y se presenta como Laura, la otra locutora. El hombre es Diego y ha venido armado con la frase apropiada por la promoción de la estación de Silvia pero cae en la cuenta y asume el papel de Hugo el escritor.

Se comparten una noche íntima. Cada uno hace muy poco caso de la evidencia manifiesta que el otro no es quien se dice: Silvia/Laura no tiene ningún aparato de grabar una entrevista y se esmera muy poco en entrevistarlo; Diego/Hugo no está hospedado en el hotel y la conduce a su departamento bajo el pretexto de estar quedándose con un amigo que está de viaje. La conversación por parte de los dos es una sarta de embustes de modo que su relación—tal como tengan—está fundada sobre mentiras.

Sabemos de lo anterior mediante los dos otros hilos del argumento. Presenciamos por turnos la jornada de trabajo del día siguiente de Silvia mientras se lo cuenta a su ayudante, y en una furgoneta con Diego y dos amigos enredados en el tráfico del D. F. Diego y sus compañeros se dicen artistas pero el protagonista produce en cantidades bromas de plástico (serpientes, vómito falso, etc.), el segundo se dice muralista (pinta rótulos para promocionar zapatos deportivos) y el tercero, un sabelotodo que por lo visto no hace más que hablar.

El argumento se desarrolla ante el espectáculo del D. F. y al contrario de lo típico se ve el lado bonito de la ciudad. Los enredos de tráfico aun nos otorgan vistas de personajes pintorescos. Los personajes están bien dibujados y el diálogo es simpático. Carece de toda profundidad pero es divertida. Lo que me desilusiona es la inofensiva que sea una obra del director de la majestuosa Cabeza de Vaca (se deslumbra brevemente el enano manco de esa película al fondo de una escena de ésta). La presente no aspira a tal una altura pero dado lo que es, está bien hecha.

Con subtítulos en inglés y español que se puede apagar.

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