Archive for 28 julio 2006

La vida no vale nada

julio 28, 2006

La vida no vale nada (México, 1955, 107 minutos, B&N), dirigida por Rogelio González. **** de cinco.

Reparto: Pedro Infante, Rosario Granados, Domingo Soler, Lilia Prado.

Se merece la mención que el guión fue escrito por Janet y Luis Alcoriza. Luis fue el colaborador de Luis Buñuel en varios guiones.

Pablo es un hombre mañoso, encantador y del cantar bonito (después de haberse emborrachado). Lo encontramos mientras anda de noche en plena carretera, borracho, llevando una botella y cantando a voz en cuello. Un bus se detiene para no atropellarlo y Pablo consigue que el conductor lo deje subir por encima del bus y andar a México con el equipaje.

En México conoce a una viuda que maneja una tiende de antigüedades dejada por su esposo difunto. Pablo empieza a trabajar en la tienda y duerme en la trastienda (la viuda y su hijo viven en el piso encima de la tienda). La viuda se enamora de Pablo y deja de vestirse de luto. Pablo la encuentra atractiva (aunque es dudoso que se haya enamorado de ella de verdad) y inician una relación íntima a hurtadillas (Pablo sigue durmiendo en la trastienda). Pablo le advierte a ella que al quedarse en un lugar fijo le pega una tristeza insoportable y tiene que huirse.

Al celebrar el día del santo de Pablo la viuda le da de beber y le pega a Pablo la corazonada de ponerse a andar de nuevo. Se emborracha hasta las cachas en la cantina y se pone en camino sin rumbo.

Este es el primero de tres episodios en los que Pablo se involucra con una mujer y cada relación acaba mal. Pablo anda buscando una relación humana que valga la pena, que perdure. Al fin la encuentra (no con una mujer) pero no hay nada del idealismo ni de lo bonito en ella. Hay una vena de cinismo que corre por la cultura mexicana y pocas veces se exhibe tan nítidamente como en la película presente. ¿Hay una película de la época clásica de Hollywood que demuestra un cinismo tan profundo? Se me ocurre Scarlet Street (1945) de Fritz Lang. La presente con sus episodios más o menos distintos no tiene la estructura tan mañosamente construida que la película de Fritz Lang y en el desenlace de la de Lang no hay la menor traza del optimismo igual a la que se encuentra en la escena final de nuestra película. Sin embargo las dos tienen una punta de vista opresivamente pesimista acerca de la naturaleza humana y la posibilidad de felicidad y convivencia entre prójimos.

Con subtítulos en inglés que se puede apagar.

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Ensayo de un crimen

julio 23, 2006

Ensayo de un crimen (o La vida criminal de Archibaldo de la Cruz), (México, 1955, 91 minutos, B&N), escrita (con Eduardo Ugarte) y dirigida por Luis Buñuel. ***** de cinco.

Reparto: Ernesto Alonzo, Miroslava Stern, Rita Macedo, Ariadna Welter.

Archibaldo de la Cruz es un caballero soltero de buena familia, un hombre de gustos delicados, de vestido meticuloso. Pretende del arte de la cerámica y a este fin mantiene un taller con horno en su caserón.

De niño se creía capaz de matar a alguien por el mero deseo gracias a una caja de música que le regaló su mamá. La caja se le perdió en la revolución. Al encontrarla de nuevo en una tienda luego de muchos años se vuelve a iniciar la vida criminal.

La película tiene la forma de una confesión hecha a un juez el que indaga la muerte—supuestamente accidental—de una monja que trabajaba en un hospital en que se acogía el mero Archibaldo de la Cruz. Archibaldo le admite al juez su culpabilidad de ésta y una serie de otras muertes—asesinatos llegados a cabo más por medio de la intención y la potencia otorgada por la caja de música que por la mano directa.

La película es una comedia negrísima que se trata de un asesino que nunca precisamente mata a nadie aunque hay cadáveres de sobra—todos femeninos. Archibaldo lleva un aire degenerado, decadente, el de un hombre profundamente aburrido de la vida que juega con la muerte como fuera un juguete para estimularse. Todas las víctimas—supuestas o verdaderas—son mujeres y no se puede evitar fijarse en la misoginia de Archibaldo—ya sea comedia o no. En eso se halla la diversión, la de entregarse al juego perverso.

Me extraña que Buñuel hubiese hecho la película el mismísimo año que hizo El río y la muerte, la que no tiene nada de particular de recomendarse. Las dos demuestran los efectos del presupuesto modesto; lo que distingue la presente de la otra es el guión agudo (al lado de lo prosaico del guión de la otra). A pesar de las limitaciones del la película logra ser una obra maestra a causa del atrevimiento del tema y del compromiso del director de llegarlo a cabo sin vacilar.

Con subtítulos en inglés y francés que se puede apagar.

La ilusión viaja en tranvía

julio 23, 2006

La ilusión viaja en tranvía (México, 1953, 82 minutos, B&N), dirigida por Luis Buñuel. ***1/2 de cinco.

Reparto: Carlos Navarro, Lilia Prado, Fernando “Mantequilla” Soto, Agustín Isunza.

Caireles y Tarrajas son empleados de la compañía de tranvías del D. F. Acaban de componer el tranvía 133 cuando se enteran que lo van a retirar de servicio. Se afligen y se le quejan al gerente sin resultado. Al noche siguiente se aprovechan del descuido del velador para sacar el tranvía 133 de la estación para recorrer la ciudad en ella por la noche permitiendo que suban transeúntes sin pagar la cuota (para no agraviar el delito de haberse apoderado del tranvía con el de ganarse dinero por fraude). La sacaron con la intención de devolverla antes del amanecer sin embargo, bien borrachos, se duermen y no despiertan hasta después de la salida del sol. Por eso se encuentran en un lío delicado mientras andan vagando por la ciudad intentando esquivar que suban más pasajeros y buscando la oportunidad de devolver el tranvía a su lugar propio. La situación se pone más complicada cuando un empleado jubilado de la compañía sube al tranvía y reconoce a nuestros héroes y sabe que no tienen el oficio de motoristas de tranvía.

Hay pocos rasgos del las obsesiones características de Buñuel. Antes de llevarse el tranvía Caireles y Tarrajas se protagonizan un drama montado por el cura del barrio que se trata de la tentación de Adán y Eva. Caireles hace el papel de Dios y Tarrajas hace los de los dos: Satanás y Adán. El drama se monta al medio de una fiesta callejera. Durante el descansito entre los actos Caireles y Tarrajas se enteran que se acabó el ‘punch’ y deciden ir a la estación para llevarse unas cajas de cerveza, las que vieron antes de salir la tarde pasada (–y mientras están cargando las cajas les pega la inspiración de salir con el tranvía por un paseo final). La película no aspira a algo tan singular como la perversidad de la comedia negra de las películas más conocidas de Buñuel no obstante la película resultante está genial—y que no se menosprecien los encantos de La Prado (me refiero a los muslos y las caderas), tampoco el encanto de las vistas de las calles y rinconcitos del D. F. de la época.

Con subtítulos en inglés y español que se puede apagar.

Subida al cielo

julio 17, 2006

Subida al cielo (México, 1951, 74 minutos, B&N), dirigida por Luis Buñuel. **** de cinco.

Reparto: Lilia Prado, Carmelita González, Esteban Márquez, Luis Aceves Castañeda.

La aldea de San Jeronimito no tiene ninguna iglesia (una película de Luis Buñuel sin ni un solo sacerdote–¡imagínatelo!). Se nos relata la costumbre de los novios de irse mediante una barquita a una isla a una milla de la costa y después de pasar la noche ahí juntos se consideran casados por todos. La gente del pueblo les despide a Oliverio y Albina los que se alejan de la orilla en camino a la isla pero su trayectoria a la isla se irrumpe por la lancha de un hermano de Oliverio: su madre está al punto de morirse y le urge verlo. Hablando solo con Oliverio su madre le dice que quiere que su nieto Chunguito hereda lo que tiene pero los dos hermanos de Oliverio están tramando de llevarse la casa (Chunguito es el hijo de la hermana de Oliverio y murió en el parto del niño). Oliverio se resuelve a ir al pueblo Petatlán para traer a San Jeronimito al abogado familiar para gestionar el asunto del testamento. Dejará atrás a Albina para cuidar de su madre y el niño.

Sin avisarles a sus hermanos Oliverio sube al bus rumbo a Petatlán y la mayoría del largo de la película se ocupa del viaje por las montañas. Conocemos a los pasajeros: el conductor jovial, una chica bonita y tentadora de la aldea, Raquel, que le echa miraditas a Oliverio, un candidato de diputado, una madre de familia, una mujer embarazada (la que quiere acudir a Petatlán a parir para evitar el destino de la madre de Chunguito), un español vendedor de gallos, etc.

A pesar de la prisa que apresura a Oliverio el viaje anda atrasado a causa de topar con un obstáculo tras otro mientras se complican las relaciones entre los pasajeros, particularmente las de Oliverio y Raquel (recuérdate que la pareja de Oliverio y Albina nunca pasaron la noche debida en la isla, ¿están casados o no?).

El surrealismo por lo cual se conoce Luis Buñuel se luce en un sueño de Oliverio. Raquel, sentada al otro lado del pasillo central del bus de Oliverio, le ofrece la cáscara pelada de una manzana. Oliverio la rehúsa pero acepta un mordisco de la manzana misma. Se duerme y sueña con Raquel, Albina y su madre. Las dos chicas se entreveran y hay cáscaras de manzana por todas partes.

Encima del surrealismo se destacan la ironía y el cinismo. Hay demuestras en todos lados. El candidato de diputado se encuentra con su contrincante en plena calle de Petatlán y son tan igualitos que puedan ser gemelos idénticos. Al fin y al cabo hasta el sincero e ingenuo Oliverio se demuestra falso y tan mañoso como sus hermanos.

Alfred Hitchcock tenía la fama de planear meticulosamente cada escena de antemano. Luis Buñuel tenía la reputación contraria, la de entregarse a la espontaneidad (lo que frustraba al cinematógrafo de muchos de sus largometrajes, Gabriel Figueroa). El hábito de proseguir sin el plan fijo le servía bien en este caso. Se nota en la materia extra del DVD que la producción sufrió de una falta grave de presupuesto y de una huelga sindical, los que le causaron a LB eliminar unas escenas que tenía previstas. No obstante el resultado el simpático. La escasez de presupuesto se manifiesta en el modelito irrisorio del bus—no más que un juguete—que vemos subiendo un desfiladero montañoso postizo bajo un aguacero falso.

Los personajes de Buñuel—iguales a los de Hitchcock—son títeres al servicio de los propósitos del director. Raquel por ejemplo no es una persona en todos sus aspectos sino un demonio femenino mandado a corromper a Oliverio. Después de haber conseguido su fin, lo despide con frialdad, “Ya tuve lo que quería.” ¿Te lo dije que es una comedia? Sí, lo es pero lo cómico disfraza un cinismo profundo acerca de la naturaleza humana. O sea, precisamente lo que esperamos de Buñuel, ¿no?

Con subtítulos en inglés y español que se puede apagar.

El chacal de Nahueltoro

julio 16, 2006

El chacal de Nahueltoro (Chile, 1968, 89 minutos, B&N), escrita y dirigida por Miguel Littin. ***** de cinco.

Reparto: Nelson Villagra, Shenda Román, Héctor Noguera, Luis Alarcón, Marcelo Romo, Rubén Sotoconil.

La película se trata de la vida verdadera de un tal chileno Jorge del Carmen Valenzuela Torres, de su fuga de una situación doméstica difícil a muy pocos años, de su andar a la deriva de trabajo en trabajo (o sin trabajo), de un crimen sin sentido—el matar a una madre, la compañera de Jorge de unos días, y sus seis hijos—de su encierro y amansamiento en la cárcel hasta el cumplimiento de la sentencia de la pena de muerte.

No es una película de horror sino el retrato de un hombre hecho en el estilo neo-realista. Las escenas de la matanza componen un tramo de cinco minutos del largo de la película y son hechas con arte y fuerza pero sin sensacionalismo (y sin que se vea ninguna sangre).

El asesino Jorge no es un monstruo sino un hombre hecho tosco por los golpes de toda una vida—salvo por la gracia de dios, allá voy yo—y luego amansado por la estructura y la disciplina de la vida carcelaria (de modo que su ejecución al fin parece sin sentido, que es efectivamente otro hombre). El planteamiento–algo discutible—es el de que un ser humano es el producto de las circunstancias ambientales. No se da ninguna evidencia de la capacidad del hombre de resistir ni superar los efectos de las fuerzas externas. No se disculpa el crimen (menos—como quien dice–en el sentido que comprender es disculpar) pero se implica que el carácter del asesino resultó del ambiente exclusivamente. La película nos presenta poca evidencia que Jorge lleve adentro algún carácter menos el que se le impone por lo que le suceda—es una esponja o un pedazo de barro–le cambia el ambiento y se cambia el hombre por completo.

Concedida la tesis respecto a la naturaleza humana, la película es sumamente bien hecha. Las imágenes sin color son riquísimas. Los actores no parecen ser actores. El ojo de la cámara se demora en las caras bronceadas y surcadas con arrugas de Jorge y de la gentuza que puebla su camino. La película se restringe de juzgar a Jorge y no le impone una estructura dramática artificial sobre la vida no obstante tiene su arte. Merecen mención los ritos de la muerte. Después de haber matado a la madre (no me acuerdo de su nombre, tal vez no se da) y sus hijos, Jorge les coloca cuidadosamente tres piedras sobre cada cadáver, una grande sobre el vientre y una pequeña sobre la palma de cada mano. Esto se opone a los preparativos meticulosos que presenciamos del fusilamiento de Jorge. Cada manera de matar tiene sus fetiches.

El chacal de Nahueltoro es una de las pocas películas latinoamericanas que se puede juzgar al lado de las obras maestras del cine mundial sin la menor indulgencia por haber surgido de esa región.

Con subtítulos en inglés que se puede apagar.

Flor silvestre

julio 16, 2006

Flor silvestre (México, 1943, 94 minutos, B&N), escrita (con Mauricio Magdaleno) y dirigida por Emilio ‘el indio’ Fernández. ***1/2 de cinco.

Reparto: Dolores del Río, Pedro Armendáriz, Miguel Ángel Ferriz, Emilio Fernández.

La tragedia de José Luis Castro, el único hijo del amo de grandes tierras, y Esperanza (desempeñada por DdR, la que tiene aun la sombrita de bigote de una chica mestiza), la nieta de un mediero, que se casan por amor contra los deseos de los padres de José Luis hasta el punto que el padre de José Luis lo deshereda. José Luis y Esperanza habían crecido juntos y hay mucha habla de raíces—las que se crecen juntas no se separan; que se arrancan solo con hachazos.

La revolución se estalla. José Luis tiene simpatía con la causa revolucionaria pero se mantiene al margen para estar con su mujer y sus tierras nuevas. La revolución se concluye (muy rápidamente, me parece) pero queda la plaga del bandidaje. Un amigo revolucionario de José Luis le pide su ayuda contenerlo pero JL se lo niega: ahora más que nunca tiene que cuidar de su mujer, ya encinta. Sin embargo los bandidos llegan hasta la mera hacienda de los Castro y José Luis no puede dejar de involucrarse.

Aunque falta algo de ser el mejor trabajo de Emilio Fernández, el argumento se desarrolla con la energía que caracteriza toda la obra del indio (el director mismo aparece en la pantalla en el papel de uno de un par de hermanos bandidos).

Con subtítulos en inglés y español que se puede apagar.

El río y la muerte

julio 14, 2006

El río y la muerte (México, 1954, 99 minutos, B&N), escrita (con Luís Alcoriza) y dirigida por Luís Buñuel. *** de cinco.

Reparto: Columba Domínguez, Joaquín Cordero, Víctor Alcocer, Humberto Almazán, Silvia Derbez, Jaime Fernández.

El guión se base sobre una novela de Miguel Álvarez Acosta, Muro blanco sobre roca negra. Hace unos años que la encontré en una venta de libros usados en Saint Louis, Missouri (EE.UU.—el hallazgo de un libro en español cualquiera en tal lugar en St. Louis es un acontecimiento insólito). La empecé a leer pero después de poco me aburrí. La abandoné y la descarté. Sobre tal materia está fundada nuestra película.

Gerardo Anguiano es médico sin embargo lo encontramos encerrado en un pulmón de acero a causa de haber contratado el poliomielitis a consecuencia de su búsqueda de un tratamiento nuevo. A pesar de su condición actual se le pronostica que se sane pronto.

Lo visita un hombre tosco del pueblo de su nacimiento por hablarle en términos vagos de una enemistad hereditario. Hasta cachetea al enfermo en la cara.

Mientras se sana ya fuera del aparato que lo encerraba le cuenta a su enfermera Elsa—también su novia—del asunto. El pueblo de antaño se ubicaba el lado de un río oscuro y profundo. Se anegó el pueblo bajo una inundación y volvieron a construirlo a la orilla opuesta del río todo menos el cementerio, lo que quedaba en su sitio antiguo para no trastornar la paz de los muertos. Hace mucho que un poblano mató a otro a puñaladas a causa de una injuria trivial. Se inició un ciclo de venganzas que con tiempo llegó a andar fuera de toda raya. Todos los hombres del pueblo andaban armados hasta el mero cura, dispuestos a disparar a la menor provocación. Según la tradición del pueblo si el asesino se refugiara entre las montañas al otro lado del río no perseguirían y podría volver después de una temporada. Se decían que cruzaron el río los dos: el asesino al monte y el fallecido al cementerio.

Se oponen el ambiente moderno de las cercanías del hospital con el rústico del pueblo mientras Gerardo le detalla a Elsa de la enemistad entre su familia los Anguianos y otra, los Menchuca, la que dejó muerto a su padre.

La madre de Gerardo sigue viviendo en el pueblo y se negó visitarlo en su enfermedad. Lo había enviado fuera del pueblo para librarlo del destino de su padre pero ya por medio de una serie de cartas le pide volver a desquitar la ofensa contra el mismísimo padre y el abuso que aguanta ella todos los días por tener un hijo cobarde.

Gerardo vuelve al pueblo con el fin de resolver el asunto sin acatar el código de la venganza.

No está mal pero no se levanta de la segunda categoría de la obra de Buñuel. De verdad hay pocos rasgos que lo distingue de tantos otros melodramas de la época (el cura que lleva la pistola bajo la sotana, y el protagonista en el pulmón de acero–¡caramba!). Desde luego la mera presencia de Columba Domínguez hace que se aumenta el interés a mi entender.

Sin subtítulos.

Enamorada

julio 12, 2006

Enamorada (México, 1946, 99 minutos, B&N), dirigida por Emilio Fernández. Cinematografía por Gabriel Figueroa. **** de cinco.

Reparto: María Félix, Pedro Armendáriz, Fernando Fernández, Miguel Inclán.

Este melodrama de la revolución es una de las películas más conocidas de la época dorada del cine mexicano.

Una fuerza revolucionaria se apodera del pueblo Cholula. El general de la fuerza José Juan Reyes manda traerle a todos los ricos del pueblo. El cura el padre Sierra acompaña al grupo llevado al general y resulta que el cura y el general se conocen (pasaron un año juntos en el seminario antes de tomar caminos distintos). El general va acompañado por una niña de como siete años que presencia a todo lo que sigue sentada al borde de una mesa chupando unas varitas de canela. A los ricos del pueblo el general les exige abastecimiento y dinero. El primero, don Carlos Peñafiel, se lo niega con dignidad. El general manda encerrarlo. El siguiente Fidel Bernal le jura que no tiene nada pero, al oír la pena de muerte que le impone el general, le ruega aceptar todo lo que tiene hasta su esposa joven. El general hace fusilarlo. Hay presente además un norteamericano, un ingeniero, un tal Mr. Roberts. Le pide al general su salvoconducto por ir a México por comprar el vestido de boda por su novia. La novia es la hija de don Carlos Peñafiel él que fue encerrado por el general y Mr. Roberts le pide su merced en el nombre de amor. El general no se compromete pero parece afectado por la petición.

Luego en la calle el general encuentra a la hija Beatriz (La Félix) de don Carlos (sin saber su identidad) y se le arrebatan los encantos de la muchachota. Le piropea y ella le da una cachetada ante sus subordinados. Por medio del encuentro se desarrolla el conflicto central, el de los esfuerzos del general de ganarse el afecto de Beatriz y los esfuerzos de ella de humillarlo. Después del comienzo dramático la película se cambia hacia lo cómico.

La película aspira a la profundidad mediante el personaje de general Reyes. Lleva a la niña de un compañero muerto con la tropa (pero la niña se esfuma de la historia después de una sola escena, al parecer no más que un dispositivo por hacer más complejo—y simpático—el carácter del general). El ex-seminarista habla con fuerza de sus motivos y sus ideales mientras visita a su amigo el padre Sierra en la sacristía. Habla sobre el tema de la adoración de los reyes—nótate la coincidencia de nombres—al ver una pintura en la sacristía. Los reyes, dice, son símbolos de la riqueza y la opresión vistos de rodillas ante el niño Jesucristo. Al terminar la arenga sugiere otro sitio por colgar el cuadro para que lo caiga mejor la luz del sol. Hablan de Beatriz. El general le pide la intercesión del cura. Se ha decidido casarse con ella. Se ve angustia en la cara del cura. Se sugiera un triángulo amoroso sutil entre los tres. Curiosamente el novio de Beatriz se deja fuera de la cuenta. De verdad hay un hueco en el corazón de la película. Beatriz se nos presenta como una mujer impetuosa, independiente y fuerte—hasta se atreve a fumar aunque sea a escondidas. Mas no demuestra la menor pasión por su prometido Mr. Roberts (–un buen tipo). Al parecer antes del comienzo del drama se ligó con él sin estar enamorado (lo que no se cuadra con su carácter fuerte) y lo echa por la borda al enamorarse de verdad. La película pasa el asunto por alto no obstante no puedo prescindir de hacerme la pregunta, ¿es oportunista o qué? Bajo la menor inspección el personaje de Beatriz es profundamente caprichoso y falso.

La película vista en su totalidad lisonja al orgullo mexicano. Todos los mexicanos—ya que sean revolucionarios o no—salen bien. Dicen que el ciudadano Fidel Bernal, él que le rogaba al general por su vida sin vergüenza no fue mexicano (no se precisa de donde era). El hombre a quien Beatriz pone en ridículo es un gringo. Los federales no se ven y por eso se dejan de la cuenta (el vencedor escribe la historias por lo tanto todos andaban con Villa (al menos figurativamente) y los federales son no más que figuras anónimas con uniformes y sin caras en el cine mexicano). A fin de cuentas la profundidad de la película es fingida. Se esquivan las cuestiones difíciles.

A pesar de lo todo la película está bien hecha y divertida. Tiene la viveza que caracteriza toda la obra de Emilio Fernández y su cinematógrafo Gabriel Figueroa. El elenco es de la primera. María Félix (quien no me cae bien típicamente) desempeña su papel con una energía ejemplar.

Sin subtítulos.

El callejón de los milagros

julio 12, 2006

El callejón de los milagros (Midaq Alley) (México, 1995, 140 minutos), dirigida por Jorge Fons. *1/2 de cinco.

Reparto: Ernesto Gómez Cruz, María Rojo, Salma Hayek, Bruno Bichir, Delia Casanova, Margarita Sanz, Claudio Obregón, Juan Manuel Bernal, Luis Felipe Tovar.

Montaron una producción costosa con muchos nombres lucidos pero la película que resultó es aburrida, insulsa y larga. Supuestamente se basa sobre la obra del escritor egipcio Naguib Mahfouz sin embrago lo que se ve en la pantalla es pura materia de telenovela. El argumento tiene muchos hilos vinculados principalmente por desempeñarse en el mismo barrio pero fallaron de captar el ambiente particular del barrio. Si te interesara ver un barrio del D. F. bien retratado te recomendaría Que viva Tepito. Esta porquería, no. Se puede ponerle al cerdo un traje fino pero al fin de cuentas queda un puerco adentro.

Subtítulos fijos en inglés.

Cabeza de Vaca

julio 8, 2006

Cabeza de Vaca (México, 1993, 108 minutos), escrita (con Guillermo Sheridan) y dirigida por Nicolás Echevarría. *****de cinco.

Reparto: Juan Diego, Daniel Giménez Cacho, Roberto Sosa, Carlos Castañón, Gerardo Villarreal, Roberto Cobo, José Flores.

El guión se basa sobre el “Naufragios” de Álvaro Núñez Cabeza de Vaca. Cabeza de Vaca fue un tesorero real que en 1528 venía al nuevo mundo en una de un conjunto de naves españolas. Se naufragaron todas dejando unos sobrevivientes en la costa desconocida de la Florida (pues, el lugar todavía se discuta; hay quienes que dicen que estaba en la costa de México—y el paisaje de la película sugiere más México que Florida).

Cabeza de Vaca y sus compañeros—los que sobrevivieron–pasaron ocho años entre las indígenas antes de reunirse con un destacamento español. Según el planteamiento del guión Cabeza de Vaca fue el único entre ellos que se encontró profundamente cambiado por los años pasados sumergido en una serie de culturas ajenas. Yo no pudiera ni empezar a relatártelo. Se transmite bien lo raro y lo incompresible que fue—sobre todo el culto y los ritos no cristianos que presenció y—con tiempo—en que participó Cabeza de Vaca.

Los ritos y los dioses demuestran una potencia verdadera de modo que no se puede sacar una conclusión menos fuerte de la que el cristianismo no se guarda la verdad exclusiva. Se implica además que los españoles, bajo el pretexto—tal vez sincero, tal vez no—de sembrar la fe, aplastaron culturas y conocimientos valiosos—conocimientos valiosos no solamente por su interés arqueológico o antropológico pero conocimientos por medio de los cual se deslumbraban verdades ajenas al cristianismo. No he leído el libro en que Cabeza de Vaca recuenta sus aventuras sin embargo dudo que el tema del relativismo del cristianismo se encuentre en él. Me cuesta creer que se hubiera publicado un libro así en la España de la época.

En resumen: digna de verse no por ser una lección histórica sino por ser un viaje extraño que lleva al espectador a un mundo inesperado.

Hay subtítulos en inglés del diálogo en español; hay mucho diálogo en los idiomas indígenas que se deja sin traducir (por ser incomprensible al protagonista, supongo).