Río escondido

Río escondido (México, 1948, 110 minutos, B&N), Director: Emilio (el indio) Fernández; cinematógrafo: Gabriel Figueroa. ****1/2 de cinco.

Reparto: María Félix, Carlos López Moctezuma, Fernando Fernández, Domingo Soler, Columba Domínguez

Al comienzo de la película entramos con Rosaura Salazar (María Félix) al Palacio Nacional y nos detenemos ante los murales de Diego Rivera mientras la voz del narrador nos relata un esbozo de la historia política de México. Una historia que nos lleva al presidente de la república actual (1948), el despacho del que acude la señorita Rosaura para recibirle su cargo de servicio social de maestra rural. Anda atrasada y llega a medida que los otros maestros salen del despacho presidencial (al parecer a la mujer mexicana ejemplar le falta puntualidad). Rosaura se reúne con el señor presidente a solas y los ojos se le llenan de lágrimas mientras que escucha al presidente hacer hincapié en su compromiso de luchar contra la inmoralidad de los políticos rurales y el analfabetismo. La manda al pueblo Río Escondido. A causa de un encuentro con un profesor conocido de Rosaura que le sucede al salir del despacho presidencial sabemos que se guarda el secreto de padecer de una lesión del corazón que la pone en peligro de morirse de cualquier esfuerzo.

Al llegar al pueblo lo encuentra dominado por el presidente municipal Don Regino Sandoval (Carlos López Moctezuma), el cacique clásico: un terrateniente macho, vano y arrogante. Su dominación se simboliza mediante su control del agua. Hay una fuente pública que escasamente gotea. Don Regino se guarda detrás de una muralla otra fuente más abundante por el uso suyo y de sus colaboradores y para sus caballos. Se nota por los habitantes que nunca llueve a pesar de las nubes que hay siempre por encima—las nubes tan características de la cinematografía de Gabriel Figueroa de la cual hablamos a continuación. Por lo visto, menos Don Regino y su séquito y un cura, el pueblo se compone exclusivamente de indios. Sutileza no hay en el desempeño del propósito propagandístico de la película. No hay que leer muy profundamente entre los renglones para averiguar los temas. Al poco rato de haber llegado al pueblo Rosaura se lleva al bebé de una madre la que está a punto de morirse de la viruela y se lo guarda en una cuna colgada en la escuela. Luego Rosaura tiene la ocasión de gritar –¡Este niño es México! ¡Tengo que salvarlo! Hay asimismo un obsequio dedicado a Benito Juárez y en contra a ‘los malos mexicanos,’ el que se les da a los estudiantes al primer día de clase por Rosaura con lágrimas en los ojos mientras se le tiembla el labio inferior. A Don Regino se le ve deteniéndose de escucha fuera de la puerta de la escuela mientras que Rosaura habla de la necesidad de luchar contra los malos mexicanos. El rito de los indios de pedirle lluvia al Díos y el velorio de un niño indio matado por Don Regino.

María Félix a mí no me tiene ningún encanto y esta película te da harta dosis de La Doña pero no la voy a castigar excesivamente a causa de un disgusto personal. Sin embargo desempeña el papel con una sinceridad tan pesada que el personaje Rosaura Salazar resulta un símbolo no una persona. Si la película es tan defectuosa acerca del desempeño de sus temas políticos y de la actuación de la protagonista ¿por qué la he regalado tantas estrellas? Porque sus virtudes superan sus defectos. A mi entender la película tiene 2 defectos (la propaganda obvia y María Félix) y 2 virtudes (el elenco menos MF y la cinematografía).

La actuación por parte de todo el reparto menos La Félix es de la primera (y menos mal si ella te cae a ti mejor que a mí me cae). Al fin de cuentas confieso que la actuación de María Félix aun me divierte por su estilo amanerado. Columba Domínguez (la esposa del director Emilio Fernández) hace el papel de Merceditas, la maestra anterior y la amante de Don Regino. Aunque tiene pocas líneas de diálogo y no más de cinco minutos en la pantalla, desempeña el papel trágico con una dignidad austera. Lo hace de tal manera que se lleva la película de La Félix.

La cinematografía: El pueblo con apenas un solo edificio intacto tiene un aspecto irreal. Las casas raquíticas de los indios son poco más que montículos de escombros. La vista característica es la de las siluetas de arcos y árboles esqueléticos recortados ante el cielo lleno de cúmulos de nubes vistos desde un punto muy cerca del suelo. Cada imagen—sobre todo las que se tomaron al aire libre–fue compuesta con tanto cuidado y tanto arte que se parece una foto de Ansel Adams. Pocas hay las películas de blanco y negro de cualquier país que se vean mejor que ésta. Vale la pena verla y volver a verla no más por el gusto de gozar de la cumbre del arte cinematográfico de Gabriel Figueroa.

Según la ficha técnica los murales de Diego Rivera que se ven en el Palacio Nacional fueron filmados en color sin embargo la película grabada en el DVD está completamente sin color.

Sin subtítulos.

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