13 campanadas

13 campanadas (13 Curses) (España, 2002, 108 minutos). * * ½ (de cinco)

Reparto: Juan Diego Botto

Santiago de Compostela, 1984. Está por la noche. Llueve. Nos encontramos en un amplio estudio de escultura. Vemos a un niño de quizás ocho años absorto en hacer una talla pequeña de barro. Vemos el reloj a unos pocos minutos antes del filo de la medianoche. Entra un hombre llevando maletas. Es el padre del niño de lo cual aprendemos después es el famoso escultor Mateo Bastida (Luís Tosar). El padre recoge unos dibujos clavados a la pared y los mete en una carpeta. Al ver el trabajo del niño lo aplasta con la mano y le amonesta de trabajar más atentamente. La madre toca en la puerta fuertemente. El padre la jala afuera. Aprendemos que Mateo está a punto de llevársele al hijo. Mientras mirar lo que pasa afuera entre sus padres el hijo derriba una escultura la que se hace pedazos al chocar con el suelo. Se asusta y se esconde en el taller. El padre regresa solo le advierte al hijo que lo va a castigar si no se presenta antes de que terminen las doce campanadas de la catedral que suenan la medianoche. El padre busca al niño mientras contando las campanadas. El niño no se revela sin embargo el padre lo encuentra y está a punto de cachetearlo al décima segunda toque de la campana. Mientras tanto vemos entrar a la madre del niño la que lleva una escopeta sin que la vea el padre. Está histérica y dispara después de la décima segunda campanada como si fuera la décima tercera. Se escucha de veras la campanada décima tercera.

Nos adelantamos al 2002. Lo anterior fue un recuerdo del hijo Jacobo ya adulto (Juan Diego Botto) que vuelve después de haber pasado muchos años al extranjero. Había creído muerta a su madre y acaba de recibir la noticia que todavía está viva pero fuera de sus cabales en un manicomio. La visita en el hospital y mientras estar al lado del lecho de su madre incoherente le pega a Jacobo una visión de su madre la que le advierte irse, que le espera una trampa.

Descubrimos que los dibujos que Mateo recogía al comienzo de la película componían el diseño de una talla que sería la cumbre de su obra y era destinada a colocarse en la catedral lo que cumpliría el sueño más codiciado del artista. El sujeto de la obra fue La Piedad. O sea la figura del Jesucristo muerto abrazado por La Virgen. En este caso había dos figuras más que rodeaban al muerto las identidades de quienes no se revelan. A Jacobo, el que es escultor también, lo contratan a llevar a cabo la obra y además lo posee visiones del muerto Mateo. En eso se encuentra la materia del cuento.

La película es muy bien hecha. Me refiero a la técnica de filmar, la de actuar y la de crear un ambiente misterioso y por eso es divertida pero a lo largo de la película no pasa nada verdaderamente imprevisible ni original. Lo que me molesta sobre todo es lo prosaico que sea la escultura que sirve de la supuesta obra maestra del escultor Mateo/Jacobo. Carece de todo misterio y gravedad y se socava el planteamiento que Mateo es un genio medio loco y poseído por las imágenes de su trabajo con una fuerza que trasciende la muerte.

Hay subtítulos en inglés los que se puede apagar.

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