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Canoa

junio 25, 2006

Canoa (México, 1975, 115 minutos), dirigida por Felipe Cazals. ***** de cinco.

Reparto: Ernesto Gómez Cruz, Salvador Sánchez, Enrique Lucero, Manuel Ojeda

Se trata de la historia verídica de la matanza de unos miembros de un grupo de excursionistas jóvenes por los residentes del pueblo San Miguel de Canoa. El pueblo se ubica al pie de la montaña la Malinche cerca de Puebla y los jóvenes empleados de la universidad de Puebla vinieron al pueblo para subir la montaña. La película tiene a ratos un estilo documental. Se nos relata la tragedia a la apertura de la película y todo lo que sigue está ensombrecido por un fatalismo opresivo.

Hay un residente del pueblo que habla directamente a la cámara en respuesta a preguntas no oídas de un corresponsal no visto. Desempeñada por Salvador Sánchez, esta figura ambigua de habla elíptica y de actitud escéptica nos representa el pueblo en no estar libre de una culpabilidad de lo sucedido.

El argumento se desarrolla de una manera magistral por dos hilos entrelazados: vemos a los jóvenes mientras planean su excursión, acuden al pueblo por autobús donde se encuentran sin alojamiento bajo un aguacero a medida que se nos dan a conocer los acontecimientos que crearon el ambiento hostil entre lo cual se metieron sin querer. Principalmente el ambiente receloso se debe al párroco del pueblo. Es un cura de antecedentes dudosas que lleva al pueblo a cuestas en su afán del progreso con el resultado de ser una figura controvertida entre los poblanos. Encabezó al esfuerzo de construir un camino pavimentado y el de traer luz y agua al pueblo. Tiene su secta de partidarios fieles pero sus métodos de sacar los fondos de los residentes se le provocan también mucha enemistad. Desde el púlpito predica acerca de los comunistas, instrumentos del diablo, los que lo quieren matar para alzar su bandera en la iglesia y llevarse a los niños inocentes. Los liga con los residentes que no quieren pagar su cuota del programa del desarrollo. Por lo tanto los jóvenes pisan inconcientemente sobre un terreno sembrado con el recelo de forasteros—sobre todo los que vengan de la ciudad—que se desata en la violencia de que ya sabemos.

Son muchos los curas que son retratados en películas mexicanas, algunos buenos, algunos malos. Hay pocos o sean buenos o sean malos los que son dibujados con la sutileza del presente. El párroco a quien lo ignoramos el nombre, desempeñado por Enrique Lucero, se sitúa entre los personajes más destacados del cine mexicano. Al fin y al cabo es el malo de la historia pero nunca deja de ser un ser humano. Lo curioso es que siempre usa gafas oscuras hasta en la misa. ¿Se hace para sugerir algún personaje histórico (¿el presidente Días Ordaz acaso?—no lo sé)?

Todo el reparto es de la primera sin embargo hay tres los actores que merecen una atención especial. Ya he reconocido a Salvador Sánchez y a Enrique Lucero. Vale la pena asimismo hacer mención de Ernesto Gómez Cruz. Hace el papel de un campesino que acoge a los jóvenes en su casa mientras la lluvia y la histeria se crecen afuera.

Con subtítulos en inglés que se puede apagar.


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